Claro, a pesar de lo que aprendimos de la clásica telenovela El inútil, nadie comprende cómo un niño rico se va un par de años a Europa y llega anunciando que hizo un doctorado. Un estudio de la Universidad La Gran Bobada demuestra que cinco de cada cuatro colombianos venden humo y, de hecho, la misma institución nos otorgó un doctorado Honoris Soacha por usar su red de wifi, lo que nos califica como especialistas en métodos modernos de digestión pública e investigación humorística. Como una vez fuimos a Billares Londres y no se nos cayó el techo encima, poseemos la autoridad para afirmar que a la gente de Londres le gusta bailar en casas viejas sin restaurar, así como Henri Penyalosè afirma que las señoras ricas de París prefieren montar en bus que en metro, gwon. Es que al menos Peñalosa no es un guiso, como ese tal Petro.
La gente tampoco comprende que los indigentes son un peligro para la gentrificación y que los caños son una vivienda digna, con alcantarillado y hasta jacuzzi cada vez que cae una tormenta en la ciudad porque San Pedro nos ama. O sea, los que vivimos en Rosales no tenemos tantos lujos. El desalojo del Bronx trajo muchos beneficios para Bogotá, así como el desalojo del Cartucho durante su primera administración trajo muchos beneficios para el Bronx. Ahora que los lotes de la zona se están engordando y se van a empezar a construir edificios para yuppies, el barrio se va a llamar Manhattan. Y lo mejor es que ya no hay que ir hasta el Bronx para comprar bazuco; las ollas ahora se encuentran en diferentes puntos de la ciudad. También les pintamos unas fachadas a los de Ciudad Bolívar para que no digan que ser pobre es muy feo.
Una de las cosas más incomprendidas del orgullo de Harvard (jardín infantil ubicado en la localidad de Suba) es que representa cabalmente la ideología del Partido Verde de Colombia, que no es ni partido ni verde. Decir que Peñalosa es ecologista es como creer que Uribe le carga el megáfono a alguien sin esperar nada a cambio. Fanático de los buses alimentados con gasolina –y de las comisiones por comprarlos–, enemigo de los cancerígenos trenes –porque no le dan comisión–, promotor de la construcción de puentes sobre los humedales –y de su conversión en inservibles parques acuáticos– y partidario de alzar viviendas y parques de ladrillo en reservas forestales –perdón, “potreros” que merecen la confianza inversionista de las ecológicas empresas constructoras–, el mayor interés de Enriquito a favor del medioambiente es la recolección de basuras que, por supuesto, cuesta millones de dólares y favorece a los mismos amiwis que le pagaron la campaña. Especialmente a los que fabrican unas canecas igualitas a las europeas, que se instalan al lado de las canecas antiguas (que aún sirven) para que a nadie se le olvide votar por la basura.
Es que todo se soluciona con TransMilenio, incluso la sequía en África y los viajes interplanetarios. Lo que más nos tranquiliza a los votantes del alcalde favorito de Boston –ciudad que no ha tenido que sufrir sus administraciones en carne propia– es que lleva a cabo toda su gestión con el mismo acierto de su visión ambiental:
Sin embargo, lo más importante es haber sancionado la traída ilegal de especies foráneas que representan riesgos graves para fauna local— Enrique Penalosa (@EnriquePenalosa) 11 de enero de 2017
Lo importante, vemos, nunca es salvar la vida de quienes están en peligro, sino sancionar a quienes cometen una infracción. O mandarles el ESMAD, esa honrada institución que jamás comete abusos, que permite la libertad de expresión de los ignorantes que no comprenden que el sistema de transporte de Bogotá está tan bien planeado que hasta lo envidian en las capitales de Europa (Volvo es una de ellas), que deja trabajar a los vendedores ambulantes que no tienen ninguna otra opción de ingresos para pagar ese mismo sistema de transporte (baratísimo para el poder adquisitivo de los colombianos), que le da bolillo a los estudiantes que quisieran tener una mejor educación pública en lugar de privatizar empresas distritales que financien esa educación, que premia con lacrimógenos a las víctimas del sistema de salud y a los trabajadores de los hospitales públicos a los que se les reduce (aún más) su presupuesto, que nos permite a los ciudadanos de bien ver cómo torturan y asesinan toros mientras la chusma se mantiene enrejada. Mejor dicho: Bogotá, es mad para todos.
El único error que ha cometido el buen Peñalosa es que la mayoría de la gente sigue creyendo que su apellido se escribe Peñaloza. Tal vez porque confunden su gestión con la loza sucia.
“Y si no le gusta Peñalosa, ¿por qué no votó por Petro?”. La respuesta es obvia: porque Petro no fue candidato en las elecciones de 2014. Aunque no sobra decir que tampoco votamos por Petro: antes de que nos acusen de mamertos, les recordamos que nos acusaron de oligarcas cuando lo honramos como personaje del mes hace cinco años. Porque en Colombia la polarización es patrimonio cultural, el incomprendido Quique sabe usar el odio a su favor: todo lo que no ha hecho, todo lo que se ha robado, todo lo que ha dañado, todo el metro que no ha construido aunque estuviera aprobado, TODO es culpa de Petro. Y algo de razón tiene el Alcalde Jirafales: Petro no fue precisamente el sexto mejor alcalde del mundo, pero echarle la culpa de la incompetencia propia es, cuando menos, infantil. “¡Ta… ta… ta… ta… TA!”, grita Peñaloser cuando le dicen que limpiar los postes de la ciudad no cuenta como gestión en una ciudad con problemas ligeramente más graves que la contaminación visual. Y así, como si fuera un pez ilegal en un centro comercial, es como hemos recuperado Bogotá.
Pero al menos los postes están limpios.










