miércoles, 25 de febrero de 2015

Carolina Sanín: personaje del mes en La Bobada Literaria

Hay muchos motivos para convertirse en personaje del mes en La Bobada Literaria. Uno de ellos es creer que la cultura es una cosa a la que solo las élites tenemos acceso, y que con ella construimos patria boba. También nos gusta la gente que maneja lo que es el psicoanálisis de buseta, ¿tsí? O los autores de libros (y columnas) que producen más tedio que este blog. O manifestar que las cosas a uno le hieden y no que le huelen porque uno es muy refinado –tanto que uno cecea porque los lengüizabrozoz zomoz máz interezantez–. Y, por supuesto, tener el apellido de personajes ya distinguidos con tan honorable mención mensual suma bobipuntos. Todas estas razones, por separado, son suficientes. Pero este mes nuestra personaja no las reúne: las rebasa. Y con creces. Con esnobismo y pedantería y escritura enrevesada y psicoanálisis de SITP. Porque ustedes lo quisieron, bobos lectores: ¡nuestro personaje del mes es Carolina Sanín! Sí: la Noemí Sanín de la literatura colombiana.

La intelectualidad nacional demuestra su trascendencia con este debate.

Ser una Insanín significa adoptar la técnica de la tía Noemí en cualquier ámbito. En este caso, las letras: se trata de centrar la atención sobre un partido de fútbol mientras ocurre una masacre en el Palacio de Justicia, pero con palabras rebuscadas. Esperamos, eso sí, que Carolina no se lance a la presidencia, aunque está dando pasos para convertirse en ministra de cultura: tiene una columna en la revista cultural que encarna el esnobismo y la pedantería, pero no la cultura (Arcada). En la susodicha, llamada "Pasar fijándose", Zanín pone en evidencia demasiado evidente que en sus análisis es poco lo que dice de lo analizado y sí mucho lo que dice de sí misma y de otros entuertos que solo ella entiende. Porque, más que las agudas observaciones que pretenden ser (de ahí el pomposo nombre de su columna), en verdad son un compendio de sus fijaciones (por lo que la columna debería llamarse, mejor, "Fijar pasándose" o "Posar fajándose" o "Fijar pajiándose").


Carolina siempre nos deja Sanín con sus preguntas fundamentales. "¿Qué fue primero, el huevo o Carolina?", se cuestiona aquí, con un huevo vestido como los maniquíes.

Este Kinder Sorpresa traía adentro un diploma de Psicoanálisis. Gracias a él, las culomnas de esta boboanalista son una antología que mataría del sueño a Freud (y sus sueños serían de él durmiendo). Es decir: transmitir un partido de fútbol cuando hay una masacre junto al palacio presidencial no es más que pan y circo e irrelevancia y necesidad de desviar la atención de lo verdaderamente importante. En el caso de Carito, a diferencia de Noemí, esta desviación se convierte en tontería disfrazada de las profundidades del ello y el superyó y el pocoyó. Por ejemplo, la Margarita Posuda de los intelectuales escribe, a propósito de una crónica de la verdadera Margarita Posuda sobre un implante de silicona, que "no sería demasiado aburridor especular sobre los deseos homosexuales reprimidos que llevan a los hombres a querer que las mujeres tengan nalgas en el pecho, o reflexionar sobre la fantasía matricida de penetrar a través de los pezones a una mujer anestesiada". Freud, además de aburrirse demasiado, manifestaría su indignación en Twitter.

                                                       Aquí, en la foto titulada Posar fijándose.

A propósito, @CaritoColumnista no tiene Twitter. Tampoco tiene mar, ni tampoco ciclovía, porque ella anda en carro (y como buena bogotana debe hacer alarde de ello). Desde que descubrió las bondades del campo y se inscribió en la Fundación VACA, Carrolina decidió dejar su puesto como culomnista número 8.657 de El Espectador y hacérselo saber al mundo con una despedida en la que expresó su odio por Bogotá y en la que nos hizo saber que la experiencia de tragarse sus propias babas le daba argumentos antropológicos para poder distinguir el sabor de las babas. Por supuesto, en esa columna, Carojung Sanín no pudo evitar la tentación de psicoanalizar como lo haría cualquier adolescente en la ruta Germania - Cafam: dijo que tal vez el odio a Bogotá era odio a sí misma, a la posibilidad en sí misma, porque –esto es importante– hablar de sí misma es a la larga de lo único que sabe ella misma, aun cuando se esfuerza tanto por vender la idea contraria de sí misma.

En el textículo en cuestión, Carolina también dijo estar cansada de la mediocridad de la literatura colombiana, aunque a pesar de eso no ha parado de alimentarla: después de una primera novela titulada, en un guiño a Noemí, Todo en otra parte, ha publicado cinco libros más de mediocre literatura nacional, sin contar con que ha sido escritora fantasma de libros de autoayuda que pretendía firmar como Coelhina Sanín. Y no para ahí: también dicta clases de escritura creativa, un contrasentido del superyó del supermán que sigue ampliando el espectro de la mediocre literatura colombiana. Porque el origen de nuestros mediocres exponentes está en los mediocres profesores. Para la muestra un mojón:

http://www.revistaarcadia.com/libros/multimedia/interrogatorio-arcadia-carolina-sanin/39333
(Nota: Los genios intelectuales de Arcada no saben que sería fantástico poder viralizar sus interesantísimos videos, por eso nos tocó poner el enlace a la página. Esperamos que ustedes no se queden leyendo esa profunda publicación y descubran un mejor remedio para el insomnio que nuestro blog.)

Claro, para pasar fijándose hay que opinar de todo (como buen colombiano promedio, que cree que no es un colombiano promedio), por lo que hay que caer en esa práctica tan intelectual de hacer zapping e hilar con hilo dental en un centro de pensamiento de la magnitud de Facebook:


En este análisis faltó culpar al reinado de la crisis de las EPS. Y como somos tan intelectuales, tampoco entendemos que a nuestros éticos y profesionales periódicos no les interesa filosofar (ni siquiera a esos medios tan culturales en los que Sanín escribe):


No, bebé, no estás tan sola, ya pasó, ya pasó; de hecho, desde este blog nos unimos a tu fundamental cruzada contra la gente que les toma fotos a sus pies, por lo que estamos encabezando una campaña en redes sociales para abolir ese esperpento que es Pies Universo y mejor crear Pipí Universo.


¡Por favor no más pies este año! ¡Por favor no más manos! ¡Por favor no más estulticia (o sea estupidez)! ¡Por favor no más gente con perros!

                               

¡Por favor no más pantalones verdes!

"Poderze poner pantalonez verdez ez uno de loz mayorez logroz de la liberazión femenina; una reina de belleza nunca uzará un pantalón verde", decía en esta entrevista.

Ya teníamos claro que ser reina es horrible porque hace que a las mujeres les echen ácido o que les nieguen el derecho fundamental a usar pantaloncitos verdes. Lo que no sabíamos era que a Sonsín también le interesaba ser reina. Y lo que todavía no sabemos es qué significa el pantalón verde en su escuela de mensamiento. Una vez, Carolacan escribió que "Las niñas de rosa van vestidas de niñas desnudas. De mujeres desnudas. De mujeres desnudas que supuestamente tienen la piel del color de los maniquíes". Según su libreta de apuntes de psicoanálisis, ¿de qué irán vestidas las mujeres de verde? ¿De la piel de los zombis? En todo caso, apoyamos a esta femme fatality:


Al margen de todo lo importante, Caro quiso incursionar en el humor haciendo videocolumnas que sólo hacen reír a Marianne Pondsford y que la convirtieron en la Niko Arrieta de los ricos:


Lo que no esperábamos era que, pese a publicar sus ocurrencias en YouTube, no estuviera dispuesta a recibir críticas del público, que es para quien está haciendo sus gracias. En serio, Caris, si te expones al público no puedes contestarle como si fueras el call center de Claro:


Lo que pasa es que, por estar analizando, Carolina no ha tenido tiempo de pensar. Por eso, es capaz de escribir cosas como que "Se entiende que en una sociedad que se ha conformado a los actos sin sentido resulte agresivo el hacer análisis y asociaciones". Lo que no se entiende es que el problema no es hacer análisis y asociaciones: el problema está en la calidad de esos análisis y esas asociaciones. Amiguita, en pocas palabras, padeces del mal del "joven escritor colombiano": el de quien cree que lo que dice es muy inteligente porque así se lo ha hecho creer él mismo, sus colegas y los medios que le rascan la espalda. En conclusión: falta de autocrítica y puro embelesamiento con el espejo.

Caro preguntándole a su mejor amiwis del mundo mundial si de verdad nadie ve la relación entre los comerciales de Póker y el cambio climático. "¿De verdad estoy tan sola?".

Carolina Sucknín pasa fijándose también en causas muy importantes, y puede que tenga puntos válidos, pero su arrogancia invalida cualquier opinión. Es el típico caso de quien se considera un disidente (sin llegar a serlo) o un activista de las redes sociales: cree que todo lo que dice es un análisis y una asociación inédita, innovadora, cuando apenas es otro más de esos comentarios que se escriben en las paredes de un baño. O de Facebook, que es el baño comunal más grande del mundo. Para la muestra, sue me:


Y, por supuesto, en sus profundidades pensamientales también hay espacio para el humor. Así sea el humor de las redes sociales que tanto critica:


Lo mejor es que, como todas las personas que se creen muy críticas, Caro no acepta que la critiquen. En una columna dijo sobre la masa furibunda de Twitter lo siguiente: "Que una mujer se tome la libertad y se dé el placer de pensar y escribir como mejor puede, excediendo el léxico de cien palabras que conocen las celebridades de las redes sociales, desdeñosa de que la comprenda o no la mayoría conformada por necios, se percibe aquí como una excentricidad imperdonable". No, Xanaxín, no es que la plebe no te entienda. No es que tengas un léxico exquisito y variado (en tus libros no se ve, al menos; tal vez lo dejaste todo en otra parte). No es que seas excéntrica: emitir bobadas sin filtro o ponerse pantalones verdes o actuar peor que Margarita Rosa de Francisco en YouTube no clasifica como excentricidad. Tal vez sí has pensado y escrito como mejor puedes, aunque evidentemente no es que puedas mucho. Tampoco se trata de que seas mujer (el libreto de tu buseta se apresura a condenar: ¡misoginia!). Se trata de que la gente se da cuenta de cómo está vestido el emperador. Tal vez deberías subvalorar menos a tu audiencia. Ah, pero verdad que escribes en Arcadia.

Vale.

jueves, 19 de febrero de 2015

Estatutos y manuales*

Los escándalos más sonados de la semana fueron protagonizados por la Universidad de la Sabana y el periódico El Colombiano. Primero, la institución educativa dijo que la homosexualidad es una enfermedad, cuando todos sabemos que en realidad es un virus. Y segundo, cuando el país tuitero aún no se había repuesto, el medio de comunicación más importante de Medellín echó a un columnista por decir que Dios se equivocó, cuando en realidad no existe y si existe no sabe leer (nos referimos a Dios y al medio de comunicación). En todo caso, está claro que, si Dios existiera, aborrecería a El Colombiano (y al colombiano). Ahora, para acabar de completar, conocimos de primera mano –es decir, de la mano de nuestro hacker– documentos reservados que dejan en evidencia los polémicos estatutos de la institución educativa y el manual de estilo del medio periodístico, y que publicamos pese a que las directivas de este blog nos dijeron que si lo hacíamos teníamos que renunciar. Pero nuestro compromiso con la verdad es primero, y por eso aquí les dejamos la verdad.


Diez mandamientos
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

1. Las mujeres no pueden asistir a las aulas mientras estén en su periodo de impureza menstrual.
2. El castigo en caso de plagio será la lapidación.
3. No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano. Por eso los alumnos que sean sorprendidos diciéndole 'llave' a sus compañeros serán expulsados.
4. El sábado es día de reposo, y quien lo rompa trabajando será acusado de pena de muerte. Por eso, es mejor trabajar los domingos.
5. No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. Por eso, quedan prohibidos los talleres de escultura que tenían lugar extracurricularmente.
6. Los alumnos que sean sorprendidos comiendo cerdo serán expulsados.
7. Las mujeres no podrán usar ropas de hombre, ni los hombres ropas de mujeres. El que lo haga, será tratado con Ibuprofeno. El que insista, con electrochoques.
8. La inasistencia a las clases sólo es excusable en casos de ayuno.
10. Las clases de inglés se dictarán en latín. Y los números son una enfermedad.

Puede ver los estatutos de la Universidad de la Sabana aquí.

Manual de estilo
 EL COLOMBIANO
1. Cada noticia deberá responder las seis preguntas básicas: qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y qué tiene que ver con Dios.
2. Toda fuente deberá pasar por un confesonario.
3. Siempre se deben contrastar todos los lados de una información. Es decir, todos los puntos de vista con la palabra de Dios.
4. El periodista deberá acudir a todas las fuentes baptismales.
5. Toda la información debe ser verídica. Palabra de Dios.
6. Una persona con defectos de la vista no puede ejercer el periodismo.
7 . El que no obedezca al editor morirá.
8. Un periodista de la Sabana servirá como un esclavo judío: por seis años.
9. Para publicar de lunes a sábado se debe comulgar el domingo.
10. El que no cumpla estos preceptos en sus columnas, será tratado como Sansón trató a las columnas del templo.

Puede consultar el manual de estilo de El Colombiano aquí.

Todos esos conceptos están en la Biblia y, como la historia ha demostrado, en esos temas, Dios no castiga ni con palo ni con rejo porque no existe.

*Nota de la Dirección: Este blog promueve el debate desde el respeto y la argumentación, pero eso no importa porque sus autoras se quedaron sin trabajo desde antes de cuestionar la Biblia.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Los Óscar con Mareo Alcalá

Hoy es un buen día para los séptimos artistas. Nuestro crítico de cine de cabecera, Mareo Alcalá, ha vuelto, con un análisis de las películas nominadas al Roscar de la Academia en el que se puede apreciar la dosis de patanería y pedantería que lo convirtió en su momento en el experto en séptico arte de Julito en La WC. No le vamos a quitar más tiempo y espacio a este gran sabio. Con ustedes, Mareo Alcalá:


Birdman
La historia de un actor venido a menos que quiere recuperar su prestigio en el teatro deja muy mal parado a González Iñárritu. Primero, no es lógico que alguien que tuvo éxito en la gran pantalla ahora venga a hacer pantalla con que quiere hacer teatro, como si alguien viera teatro, o como si el teatro alguna vez hubiera sido sinónimo de éxito. Eso me suena a pataleta de Fabio Rubiano. Al contrario, si quiere volver a ganarse a la audiencia, el protagonista, como el director mexicano, debería estar incursionando en el cine 4D, que es como ir a teatro pero con olores artificiales. Segundo, porque cree que porque su película está inspirada en un cuento de Raymond Carver nos va a gustar, pero nada de eso: Carver no escribía cuentos chistosos, y esto es una comedia. ¿Sabe aunque sea González Iñarritu de qué hablamos cuando hablamos de humor? De El Paseo; eso sí es humor. Además, ¿cómo se le ocurre que uno puede hacer una banda sonora sólo con una batería? Ese tamborcito, durante toda la película, aturde y aburre al espectador. No, señor Alejandro, por algo se llama banda sonora: porque involucra a toda una orquesta. Compre la orquesta. Eso por no hablar de la fotografía, un experimento digno de ejercicio universitario en el que la cámara no se toma pausas y que lo sumerge a uno en una tensión innecesaria, que no es precisamente lo que uno busca cuando paga la boleta, porque yo pagué la boleta. Esos ejercicios universitarios, señor Iñárritu, estaban bien en la época de Amores Perros. Ahora le tocaría repetir la materia. O contratar a un fotógrafo de la Plaza de Bolívar, que lo haría mejor.





Boyhood
¿En serio? ¿Doce años para salir con una película en la que no pasa nada? Para ver crecer a un niño no hay sino que sentarse a ver cualquier álbum de fotos familiar o las temporadas en DVD de Padres e hijos. Y eso será mejor que aguantarse esta colcha de retazos, que además es protagonizada por un niño que se volvió mal actor cuando creció, como Pablito, el de Padres e hijos, o Ramoncito (que en todo caso era mal actor desde niño y terminó dirigiendo SoHo). Encima de todo, el papá es Ítan Jok, cuya vejez habría sido más creíble si se demoran un día filmando la película y le ponen maquillaje de viejo. Esta película pasará a la historia como la mayor pérdida de tiempo en la historia del cine. Y con eso me refiero a las dos horas que perdí viéndola.





El Gran Hotel Budapest
¿Otra vez este señor Wes Pamela Anderson contando la misma película? Señor: ya conocemos su fórmula. Usted lleva años metiéndonos los dedos en la boca con la misma película, pero cree que no nos vamos a dar cuenta porque le pone otro nombre y le cambia la locación: un barco, un campamento, una casa y ahora un hotel, que además ni siquiera es en Budapest, por lo que incumple con lo que promete en el título. ¿Y qué es eso de inspirarse en un autor austriaco que a nadie le importa y que afortunadamente ya se murió? El cine, si quiere responder a nuestra época, debe inspirarse en los autores actuales. A Anderson le vendría bien prender el televisor para encontrar a los mejores escritores de hoy en día: basta con ver obras maestras como Noticias RCN, Metástasis o El cacique de la junta. Señor Anderson: volveré a creer en usted cuando deje de hacer películas con colores pasteles.




Foxcatcher
No estoy de acuerdo con esta película. Básicamente, es otra de esas historias en las que uno termina con muchas preguntas porque el director, en su magnánima sabiduría, no se preocupa por lo que es esencial en este arte: hacer que el espectador que paga por la boleta entienda lo que está viendo en la pantalla, y más cuando se trata de una historia basada en hechos reales. Y a mí me enseñaron que los hechos reales tienen un inicio, un nudo y un desenlace. Estos son dos luchadores de lucha olímpica, ganadores de medalla en unas olimpiadas, a los que les cambia la vida cuando conocen un millonario benefactor. Su vida cambia tanto que uno de los dos se muere, pero aquí está el gran error del director: uno nunca sabe por qué y se va para la casa con una pregunta que la película debió resolver. Otro error fue la elección del actor, Steve Carrel, que no basó su actuación en la persona que lo inspiró sino en Gru, el malo de Mi villano favorito.





The Imitation Game
La historia del hombre que creó la máquina para descifrar los códigos del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial a pesar de ser gay será sin duda la favorita de las minorías LGBTIW. Sin embargo, cae en varios errores. El primero es que gran parte de su trama se fundamenta en el suspenso de si la máquina va a funcionar o no, pero pues ya sabemos que sí va a funcionar. Aquí, al contrario de cuando se nos promete una cosa y no nos salen con nada, el error es querer contar con suspenso lo que ya sabemos. Además, nunca sabemos qué tiene que ver que sea gay con que invente una máquina. ¿Quiere decir el director que los homosexuales son buenos para el lenguaje cifrado? Peor que eso es la elección del actor, que no es gay y que para interpretar a este genio de las matemáticas hace lo mismo que en Sherlock pero llorando al final, porque los homosexuales también lloran.