viernes, 27 de marzo de 2015

¿Qué nos dicen los autores sobre nuestras relaciones?

Este no ha sido el mejor año para las bobas favoritas de Colombia: después de publicar sendas entradas sobre Nicolás Ruiz-Vallejo y Diego Santos, nos echaron de Vice y de la Casa Editorial El Tiempo. Por eso terminamos de redactoras en una revista que, aunque compite en contenidos con la publicación más canadiense de Chapinero y con el catálogo de supermercados conocido popularmente como Donjuán, está considerada en un nivel más bajo por los profesores universitarios: la revista . Antes de que nos echen de Teleguisa y nos toque caer todavía más bajo (por ejemplo, editando Las 2 Orillas o haciendo crowdfunding para La Silla Vacía), queremos poner a prueba nuestro talento con un test para saber cómo es la chica que les gusta a ustedes dependiendo de su autor colombiano favorito (el de ella, no el de ustedes, bobos lectores de este blog y de ). Al fin y al cabo, sabemos que, cuando terminan de leernos, nuestros visitontos cierran la pestaña para seguir leyendo consejos sobre esmaltes y uñas. Entonces, te vamos a tutear de aquí en adelante, mi rey, y vamos a asumir que ya estás saliendo con una tsica. ¿Tsí?


Encuentre en la edición de literatura: Jorge Franco: las cejas más lindas de nuestras letras; Efraím Medina y su romance con Carla Giraldo; ¿Cuánto bótox se necesita para ser un autor colombiano? y mucho más. Portada: NatGeo Colombia.

¿Cómo es la chica con la que estás saliendo si dice que su autor favorito es…?
 
Andrés Caicedo
No mientas: conociste a tu chica en una noche de drogas y, probablemente, era su fiesta de quince hace apenas un mes. Nunca terminó ¡Que viva la música! pero igual dice que le parece un libro superbizarro.

Andrés Burgos
Tu chica quiere ser una tuitstar. Y en realidad no sabe leer.

Andrés Felipe Solano
Tu chica es coreana. Y colecciona Arcadia, la de los intelectuales colombianos.

Carolina Sanín
Tu chica es feminista y no entiende qué es la literatura pero tiene toda una teoría que la explica. Sus comentarios en Facebook son grandes peroratas que nadie lee.

Efraim Medina Reyes
La chica con la que sales no puede entrar legalmente a un bar.

Fernando Vallejo
La chica con la que sales tiene al menos un perro adoptado, al que saluda y del que se despide con un beso en la boca. Nunca da limosna (es probable que tampoco deje propinas) y no solo se declara atea sino que, cada vez que puede, hace un monólogo larguísimo sobre lo mala que es la iglesia católica. Le gusta sentirse inteligente hablando mal de los demás. Todo el mundo es blanco de sus diatribas, aunque ella comete los mismos pecados que critica.

Gabriel García Márquez
No queda duda: estás saliendo con una reina de belleza.

Harold Alvarado Tenorio
No la escondas, ya sabemos que tu chica es Marianne Pond's.

Héctor Abad Faciolince
Tu chica hace años dejó de ser una chica. Ahora pasa las mañanas leyendo El Colombiano y las tardes hablando con sus amigas de El Poblado (probablemente sobre lo lindos que estuvieron los matrimonios de sus sobrinos). Nunca te dice nada de su exmarido, pero siempre que lo menciona habla del cartel.

Jorge Franco
La chica con la que estás saliendo sólo ha leído un libro en su vida. O tal vez no lo leyó jamás pero afirma haberlo hecho porque vio su adaptación cinematográfica y las telenovelas de Colombia y de Teleinmundo.

Juan Cárdenas
Estás saliendo con la redactora de Arcadia.

Juan Esteban Constaín
Tu chica es Ricardo Silva Romero.

Luis Fernando Charry
No mientas: no estás saliendo con nadie. Nadie sabe quién es Luis Fernando Charry.

Mario Mendoza
Todas sus celebraciones se llevan a cabo en el Pozetto. Aunque una situación sea chistosa, ella siempre está circunspecta, mirando al vacío, con la mano en la barbilla y cerrando todo con comentarios oscuros y palabras rebuscadas. A su mejor amiga, que es una puta mentirosa, le dice “eres promiscua y mitómana”. Su plan favorito es tratar de descifrar las profundidades insondables de su ciudad.

Ricardo Silva Romero
En realidad, tu chica no lee libros: sólo lee El Tiempo y Twitter.

Tomás González
Tu chica, probablemente, llega siempre vestida con ropa que le hubiera quedado bien a su mamá o a su abuela, es indistinto. Dice tener una enfermedad en los ojos que la obliga a usar esas gafas de marco grueso que tanto te gustan, pero tú sabes que con su leve miopía no tiene que usar lentes ni para manejar. En todo caso, ella maneja una bicicleta nueva con un diseño viejo que incluye una canasta donde lleva dos o tres libros y monta al perro (un pug, por supuesto) para sacarlo de paseo. Algún día sostendrá que nunca dijo que Tomás González fuera su escritor colombiano favorito.

Virginia Mayer
Tu chica es Virginia Mayer.

Vladdo
La conociste por internet y tenemos que decírtelo: tu chica es Vladdo haciéndose pasar por una chica. Si el hecho de que te dijera que su autor favorito es Vladdo no te pareció suficientemente sospechoso, ¿no te dijo nada que su nombre fuera Aleida?

William Ospina
La chica con la que sales es profesora universitaria (probablemente de una universidad de garaje). Además de su sempiterno aroma de café y cigarrillos, sabes que su aliento huele a tablas de teatro en ruinas. Los viernes te lleva a declamaciones de poesía y a tomar vino caliente sobre cojines en el suelo que conservan los pelos de varios perros. Harás el amor –así es, con ella no tendrás sexo– sobre una cobija lavada por última vez el milenio pasado. Te bañarás el pelo al día siguiente con bicarbonato y vinagre. Saldrás de su casa rascándote, pero ya no dirás “me rasca” sino “siento un escozor”.

jueves, 19 de marzo de 2015

Diego Santos: personaje del mes en La Bobada Literaria

Nuestro personaje del mes es el editor de contenidos digitales de la Casa Editorial El Tiempo.

Podríamos haber terminado esta entrada en la línea de arriba, y sabemos que hubiera sido suficiente. Pero nos gusta declararnos como expertos en bobadas –al igual que nuestro personaje del mes–, así que desperdiciaremos los siguientes párrafos. El cargo de este hombre habla por sí solo: las autoras de este blog no teníamos idea de que esa casa editorial tenía un criterio de edición, mucho menos un editor en cualquiera de sus productos y, con los maravillosos sitios web, aun menos en sus puntocom. Luego, mientras fuimos conociendo a Diego Santos, poco a poco entendimos nuestro error: la incompetencia del diario más ojeado de Colombia es directamente proporcional a la capacidad de sus empleados y al nepotismo de sus accionistas. Pero debemos ser ecuánimes: ese no es un problema exclusivo de El Tiempo sino de los medios nacionales. Ser hijo de un periodista es la mayor prueba de talento que se necesita para conseguir trabajo y, después de un tiempo en ese trabajo, un premio Simón Bolívar. El talento aumenta si se pertenece a una familia de periodistas. El Simón Bolívar llega si se tienen los amigos correctos.

Quiero hacer de El Tiempo un diario decente, dice Diego Santos. La jocosa reacción de los tres personajes (disfrazados de los tres tenores) habla por sí sola. 

Ahora, lo que realmente nos enamoró de este editor wet es lo siguiente. Durante sus ratos libres –mientras fingía que estudiaba en España, antes de que lo nombraran editor por su apellido–, Santos hacía videollamadas hablando sobre fútbol con sus amigos imaginarios. Pero no hablaba en español de Colombia ni en español de España. No, joder, que Santos FC lo hacía de forma híbrida, carachas, gwon. A continuación os presentamos una muestra de cómo un tipo chirriadísimo se apropia no sólo del Barcelona –haciendo de los logros del equipo también los suyos–, sino del habla de otro país (y el resultado, por supuesto, os hará flipar, mariquis).


El problema no es que Santos haga su videocolumna desde la cama. Después de todo, él mismo os dijo que estaba hecho un trapo. Disculpad. El problema está en que, además de hablar un españolete chirriado, el protoyoutuber adopta un tono a medio camino entre Santos en campaña y narrador de corridas de toros. Bien es sabido que todo colombiano que ha vivido en España regresa al virreinato convertido en chapetón, así no haya salido de Cataluña y ni siquiera haya aprendido catalán –¿o deberíamos decir català para chicanear que sabemos dónde queda Barcelombia?–. Y si trae un diploma de su madre patria, se convierte en El Sabelotodo, así sea el encargado de la única bobada mayor que nuestro blog en Blogger, con un amplio dominio de lo que es la opinión digital, ¿tsí? Por ejemplo, lo que este genio aprendió en una universidad de garaje europea le sirvió para hacer una videoentrada desde Mesa de Yeguas (a la que él llama "la comodidad de tierra caliente de Bogotá", porque Bogotá se extiende hasta Anapoima, vea usted), con piscina –muy wet– de fondo y bronceado de fin de semana:

Segundo episodio nefasto de Diego Santos Putocom.

Apostamos a que vosotros nunca habíais visto esta mezcla de españolete con cachaco, ala, mrk. Mucho menos conocíais un agudo análisis de la jornada futbolera tan valioso (más que los de cualquier Marocco): esta Farça es un periodista para echar en la basura. El punto más importante de su carrera en los medios (de la casa editorial de su familia paterna) se debe a sus romances florecientes: se casó con otra periodista, Vanessa de la Torre, y eso es lo más lejos que llegará en el periodismo hasta que le regalen un Simón Bolívar por sus reportes del tráfico.

Como buen extranjero, el españolete Diego Santos debe ir a rumbear a Andrés Carne de Res durante su visita a Bogotá.  

Ya, hablando en serio, vamos a ser tan sensatos y analíticos con el Fabián Sanabria del fútbol como cualquier columnista de El Tiempo: ser gerente digital de un conglomerado de medios no es fácil en una era en la que cualquier tuitero con más de mil seguidores es considerado líder de opinión. Por eso hay que vivir adoptando nuevas y novedosas prácticas periodísticas, como cazar memes y tuits que les dan un gran contexto a las noticias porque responden las WC esenciales. También hay que ser multimediocres, como los periodistas de antaño: saber de todo un poquito pero en realidad no conocer nada a profundidad. Y poner enlaces a otros artículos del mismo periódico, así las noticias tengan tanta relación como dos frases seguidas en una canción de Gustavo Cerati (es decir, ninguna relación en absoluto) –ay, porfis, ¡ya merecemos nuestra propia columna en El Tiempo!: ¡decimos más arjonismos por párrafo que Ricardo Silva Romero!–. Y ahí es cuando llega un genio como Diego Santos, el Romeo Santos de nuestros medios: sus páginas parecen diseñadas en Word 97 (por ejemplo, los comentarios en donjuan.com se deben dejar al principio de los artículos, no al final, porque en la revista más inane de Colombia saben que uno ya se ha formado una opinión antes de leer el texto), sus contenidos van un paso adelante de los medios que van más atrás (la definición de multimedia consiste, precisamente, en poner hipervínculos a sus propios artículos) y llenarse de anunciantes es muy fácil inflando cifras de tráfico (sin contar con que 99% de los comentarios que recibe su página son negativos: lo importante es decirles a los anunciantes que tienen cientos de miles de visitantes, pero nunca revelar la decepción que se suelen llevar sus lectores).

Después de decir eso, sabemos que nos van a vetar la entrada a cualquier medio del Grupo Aval y nos van a reportar en Datacrédito. Por lo tanto, antes de terminar de perderla, queremos recuperar nuestra credibilidad y demostrar la relevancia histórica de Twitter, gracias a la cuenta de Dago Santos (alisten las risas pregrabadas):
No puedo creerme que haya en el mundo una señora de apellido Putalova.
Por supuesto, como buen Santos, Diego tiene aspiraciones presidenciales:
Postulado quedo: @diegoasantos "Precandidato a la Presidencia de la República de Twitter en Colombia".
Aún queda un espacio político para mi [sic]. Aquí en Twitter. Me postulo a la presidencia de Twitter en Colombia.
Y profundas críticas al poder, que nada tienen que ver con su propio poder:
Increíble ese afán enfermo y corrupto de los hijos de presidentes de querer enriquecerse a toda costa. Último caso, el hijo de Bachelet.
Quizás, el hijo de Santos jamás llegue a la presidencia, pero si sigue lagarteando es muy probable que le den un ministerio. Porque, por supuesto, los periodistas también son parte de la Unidad Familiar (¿o los familiares también son parte de la Unidad Nacional? Todo es muy confusamente claro...):
Con el presidente Santos verdaderos demócratas han retornado al país, como Kofi Annan. Ya no somos parias.
Naturalmente, hay que comentar con desagrado –y con tildes mal puestas– la noticia más importante de la sección "Debes comentar con desagrado" de la Casa Editorial El Tiempo:
Qué la Justicia sea injusta e ilógica es otro debate. Pero que Nicolás Gaviria debería ir a la cárcel un par de meses, debería. Punto.
La verdad es q recapacité Cárcel es idiotez para Nicolás Gaviria. Suficiente castigo su celda de incompetencia y estupidez.
Y también Nicolás Gaviria pertenece al FBI, los Francamente Brutos e Ineptos.
En estas muestras de edición de contenidos digitales (tomadas, con errores de ortografía, de su cuenta de Twitter), nuestro miembro del FBI se va lanza en ristre con su triste figura contra la triste figura de otro personaje que representa básicamente lo mismo que él, sólo que el uno está borracho y al otro solo le falta hacer una videocolumna tomando vino rosso para ser más patético que Fabián Sanabria. ¿Que Nicolás Gaviria dice ser miembro de la CIA? ¿Os parece eso muy distinto de impostar el acento español? Caray, no mucho, joder, que el complejo por lo extranjero y el ustednosabequiénsoyyoismo es patente en ambos casos. Tanto Gaviria como Santos sienten que decir la verdad, que ser como son, es ser menos. Posar los hace sentir mejores. Por eso, tal vez, mientras escribíamos esta entrada, pensamos que la justicia no es tan injusta e ilógica como nuestro personaje dice. La verdad es que recapacitamos. Para tanta bobada, es suficiente castigo un cargo en la Casa Editorial El Tiempo.

Quisiéramos escribir mucho más, pero preferimos irnos para Anapoima porque en Chapinero está haciendo mucho frío. Os dejamos un par de links con lo mejor de nuestro homenajeado del mes y anunciamos desde ya que nos lanzaremos a la vicepresidencia de la República de Instagram:

Con ustedes, La Verdadera Bobada Literaria: Yo sé quién ve lo que usted no ve. Y, para los que creen que ver televisión por internet no cuenta como ver televisión, el único canal de fútbol sin argentinos.

Bobbendum
Algunos comentaristas nos han enviado lo siguiente, para el deleite de las juventudes santistas:

miércoles, 11 de marzo de 2015

Vice: Fuimos con el Procurador a Estéreo Picnic y nos pegamos un viaje de ácido

Este blog siempre ha estado a la vanguardia del periodismo. Por eso, nos queremos copiar de la revista Vice Chapinero, que sigue los preceptos de chocolocura de la edición original pero con menos talento, nulo rigor investigativo y más huecos de producción, redacción y edición que una revista universitaria. Es decir, es como comparar a Brooklyn con Chapinero. Nuestro equipo de community managers pagados por el hijo de Óscar Iván hackeó los computadores de esta biblia de la hipsteridad y descubrió la siguiente crónica que escribió desde WhatsApp el músico/periodista/miúsic édiror Niko Ruiz-Vallejo. El resultado es un experimento tan bobo que ni siquiera SoHo lo habría publicado.

Fuimos con el Procurador a Estéreo Picnic y nos pegamos un viaje de ácido

Colombia NATGEO encontró al Procurador en Estéreo Picnic reclutando hipsters para las juventudes conservadoras. Les promete vivir en el pasado, lo que ha cautivado a todos los adolescentes de mostacho y a las niñas que le robaron la ropa a la abuelita.

Elegante. Fina. Más coqueta que practicante de periodismo con el jefe. Así fue la respuesta del procurador Alejandro Ordóñez, el todopoderoso, el Señor de los Rosarios, el más-de-los-más, el Wendy Sulca de las leyes, cuando llamé para invitarlo a darse con nosotros un borondo por Estéreo Picnic, el festival del millenial local, del transmilenial, la extravaganza musical encarnada en un line up diverso y equilibrado entre transversales cartesianas. Paso por ti a las dos, mi negro, le dije, y salí como un bólido en el Vicemóvil. La anécdota es mitológica porque la boleta (de entrada) incluía un LSD.

La jornada empezó así:


Su Sagrada Majestad me esperaba en la puerta de la Parroquia del Señor de los Milagros. Yo le había dicho que se fresqueara con los escoltas, que mis panas de Estereopí no lo reconocerían porque su cara nunca se asoma por Netflix. Él tampoco conoce nada de Estéreo Picnic porque su beathead absoluto se quedó en Wagner.

Y lo diré a priori, casi a manera de justificación, sabiendo que lo que está a punto de tirarle al mundo este santandereano no solo resultará absolutamente inesperado, sino, en sus propias palabras, hasta "suicida".

Alejo Ordóñez lo sabe. O más precisamente: lo sospecha, pues entiende que, hoy día, la música ya casi nada tiene que ver con la música misma. O por lo menos, como él la entiende.

Dos horas después de encontrarnos, seguíamos en un trancón ni el hijueputa y yo veía que Alejo estaba preocupado. Pero paila: sin escoltas no hay velocidad, papi. Es decir:
 

Después llegamos y yo pensaba que El Proc se iba a poner violento e iba a sacar un látigo para cascar a los asistentes por sus atrevidas vestimentas y peinados, pero no fue sino que apareciera un fotógrafo de sociales para que se moviera como fish in the water, posando aquí y allá y hasta el más allá.

Skrillex

La primera noche, los electrónicos consagrados –mucha melena, Pantene y corsé– se mimetizaron en los potreros de enyerbados charcos mientras gritaban “qué chimba, hijueputa”, porque el primer día de Estéreo Picnic habían dejado de matar gatos para arrastrarse por debajo de las piedras o, mejor dicho, de entre las tumbas, para ser el público más fiel de este titán que cerraba la primera noche de celebración.

Épico.

Skrillex es un programa de computador con múltiples encarnaciones en escena (desde la del rock más premarxista hasta la del funk-pop-jazz con notas de fábric music house postapocalíptico, pasando por el ensamble industrial de technoboleros guturales hasta el del más desgarrado hip hop del ciberpunk) que, en efecto, demostró que todo lo que se dice de él es cierto –para ser exactos, nada–.

El Procu en persona quiso desconectarle el Mac. Pero el cucho estaba todo empapelado y no paraba de reírse, con las pupilas muy dilatadas y sudando a pesar de la lluvia. Yo ya no me drogo pero Alejo estaba abriendo las puertas de la percepción a punta de elesdí.

Vacile. Terapia. Algarabía. Pase. Fogueo. Psicodelia. Perreo.


Escarcha





¿Se acuerdan de Pop Stars? Yo tampoco. Pero al crew que bookea el Estereopí le pareció que, si Coachella reunió a Rage Against The Answering Machine, ¿ellos por qué no podían pensar en traer de regreso a nuestras bandas e izar esa bandera con el orgullo que se merece? Sorry, mis negros, les hubiera ido mejor reuniendo a Zulu y Dana García. El Proc, haciendo toda la coreografía con full desenfado, me dijo que antes no le gustaba ese grupo porque sus integrantes eran muy niñas para andar cantando obscenidades como que el corazoncito les hace bum bum, pero que ahora tenían unas edades más apropiadas. Palabra de Dios, my ladys.


Él mató a un policía motorizado

Herederos del legado de Pimpinela, los Tupamaros de la Argentina llegaron el sábado para reventarla durante casi dos horas seguidas de bum-bum-bum y zácate-con-zuas. El momento de la noche: cuando el frontman nos hizo arrodillar, hacer un examen de nuestros fantasmas colectivos y exorcizarlos con un grito de verbo malhablado, erótica pueblerina y atmósfera apocalíptica, una comedia negra y surrealista sobre el puro y sucio porno entre policías.

Ahí, en medio de ese coro de miles de jóvenes tomándose selfies, vimos que el Procu también estaba de rodillas, y cuando creí que estaba extasiado por la música de estos killers, pude ver que tenía en la mano un rosario. Rezaba por la pérdida de valores de nuestros jóvenes. Te apoyamos, Alejo: la plaza pública es el dancefloor. Oh sí.

Oh.

Sí.

Alt-J

Sin lugar a dudas, estos british dieron el show más contundente de todos los tres días, una vaina sin Ctrl-Z. Así lo dijo el Procu, que estaba delirando con los atuendos líricos y las luces color caramelo de ron. Lo suyo no solo es un performance musical, sino un universo de fantasía, a lo Disney, un shortcut que dibuja el símbolo de Dios, con letras psicoactivas cuyo erotismo espabiló y a algunos cautivó más que La Serviteca del Miedo (el mejor grupo que ha parido Colombia desde Los Meros Recochanboys).

Oh sí.

Una trama dramática en donde nada es gratuito y, al contrario, todo (escenografía, luces, humo, bailarines, videos, coreografías, atuendos, canciones, líricas, sotanas, personajes y efectos) hace las veces de elemento narrativo para contar una historia que, en este caso, es la mitología de un par de emperadores medio alienígenas que, a la Ziggy, Juanes, La Tigresa y otros tantos mesías pop, han venido entre los hombres a salvarlos porque pensan positivo. Igualito que Alejo, que después de cuatro ácidos ya hasta estaba diciendo que acababa de abortar. No sabemos qué, pero abortó.

Lo de siempre: el perreo contra el vals.

Los dealers

Para la próxima edición, la organización debería considerar darles un stand en Las Puertas de la Percepción del Cielo… y grande, porque sin duda los manes se hicieron su billetico y desde la entrada hasta la salida del potrero acecharon a los asistentes con su no tan discreta oferta de ácidos, perico y creepy, pero puede ser que esto último fuera la exclamación de los jóvenes cuando veían la cara de mi acompañante.

Calamaro

Esto no se puede decir de otra forma: Calamardo es tan malo que al Procurador le encantó. Una vez más, este cantantucho no despertó mucha histeria en el respetable, ni tampoco entre el público. A la organización: sabemos que el argentino protagoniza sus sueños húmedos, pero la verdad es que ya le dieron la chance y deberían montar en tarima más cumbia, más chucuchucu, más sabrosura, más vacile picotero, más global perreo, postvacile, gender-bending-contra-racista global y bass monosónico champetúo. Para las próximas ediciones, por favor, ahórrense a estos poetas de Café Cinema: el verdadero Chapinero vibra con Matik-Matik y Latino Power.

En conclusión: el cartel de este año estuvo tan flojo que ya no solo el Procurador no nos va a volver a acompañar, sino que difícilmente nosotros mismos vamos a querer ir. Y eso que en ChapiVice creemos que la nueva escuela colombiana tiene el frente más brillante, más vigente y más fogueado a nivel mundial (y no nos referimos al de las Farc). En cuanto a los ácidos, estoy pensando seriamente en recaer porque mis textos cada vez están más malos. Mis opciones son volver al LSD o ser édiror de la revista de la Procuraduría. Al fin y al cabo, hasta la leen más que a Vice. Lo mejor es que me pude tomar una selfie al revés.



Gracias, desde lo profundo, por el viaje.

Fue hermoso.

Oh sí.