Las sorpresas en La lucha de la bobada no terminan. Cuando todo parecía indicar que quienes iban a abandonar la casa editorial estudio eran los apaisados o los corronchos, nuestra impresionante masa votante (veinte personas) terminó inclinando la balanza en contra de los calañas. Abandonados por sus tutoriales, Mario Vargas Llosa y Nahum Montt, Coño García y Alejandra López escribieron un cuento que no alcanzó ni para recordar lo peor de Andrés Caicedo y, por eso, hoy se despiden del Desafío Literario con un amargo sinsabor a Colombia es pasión.
Coño dijo que “esto es injusto, porque si ustedes se ponen a mirar, en todas las pruebas fui el menos votado; pero no me importa, lo mejor es que pude conservar mi Rolex entre toda esa mano de ladrones”. Mientras tanto, López, algo sentida, afirmó que “menos mal se acabó esto porque ya me cansé de que hablen mal de mí y de que descalifiquen a mi novela ubicándola injustamente en conteos como el de los peores libros del año en revistas tan poco confiables como SoHo”. Después de escuchar una versión en salsa de “hay una luuuuz, en algún lugaaar…”, los calañas se fueron a tomar Aguardiente Blanco a una tienda aledaña a la casa editorial estudio, llorando al ritmo de las coreografías de excelentes orquestas de salsa caleñas como La identidad y La misma gente .
Con ellos afuera, llegó la hora de la verdad: los productores del reality decidieron jugársela por una prueba que demostrará, sin dudas, el ta lento de nuestros concursantes a la hora de terminar sus sobras maestras: Puto final, la última frase. Ahora sí quedará clara la incompetencia de nuestros competidores.
El jurado, integrado por Juan Manuel Santos (JMS) y el General Naranjito (ON) –expertos en poner punto final a la vida de los colombianos– fue vehemente y, desde el inicio, descalificó a Juan Ensuncho y Eduardo Bechara porque “sus libros, claramente autopublicados, ni siquiera se pueden considerar libros. No entendemos cómo les permitieron pasar el casting sin tener obras de verdad. Ahora, los disfrazaremos de guerrilleros y los daremos de baja como se merecen”. ¡Señor, sí señor! Por supuesto, nadie los va a extrañar, pero queríamos deleitarnos más con sus vómitos literarios. En un capítulo sorprendente, esta eliminación masiva cambia radicalmente el rumbo del programa.
Como no queremos tener problemas políticos y que nos metan a la cárcel por desobedecer órdenes a través de Blogger, ahora sí, deléitense con estos sabrosos putos finales y voten por el mejor puto final para que abandone la casa editorial estudio la próxima semana:
Efraím Medina, “Ojos verdes, pierna dorada” de Cinema Árbol.
“Tal vez las cosas no mejoren, pero al menos albergo la esperanza de que cada vez serán peores”.
ON: Efraím será mal escritor, pero desde su primer libro probó tener una voluntad inquebrantable. ¡Adelante, mequetrefe!
Fernando Vallejo, Mi hermano el alcalde.
“¡Se la vendo!”
JMS: Pues no se la compro. Este comunista homosexual recibió un premio de Hugo Chávez. Lo único que merece es la hoguera.
Gabriel Ruiz-Navarro, Sin dirección.
“Y cuando desperté, la Gata todavía estaba ahí”.
ON: Esta frase podría ser un cuento. Muy original.
Jaime Espinal, Open the window para que la mosca fly.
“¡CORTEN!”
JMS: Por supuesto, poner “FIN” como la gente normal hubiera sido muy poco chocoloco, ¿no?
Jorge Franco, Melodrama.
“Que vos y yo ya estamos muertos”.
ON: Pero nosotros no los matamos. Lo juro sobre la Biblia.
Laura Restrepo, Delirio.
“Cuando me levanté al otro día Agustina ya estaba vestida y llamaba al aeropuerto a confirmar la hora de llegada del vuelo de México, Aguilar se pegó una ducha demorada, se arregló la barba, se peinó lo mejor que pudo teniendo en cuenta que el crecimiento del pelo aún no había subsanado los estragos ocasionados por don Octavio el peluquero, se puso una camisa blanca y rebuscó entre los cajones hasta que encontró una vieja corbata roja que estaba seguro de tener en algún lado, Me veía rarísimo, dice Aguilar, jamás he usado corbata y no tengo un saco apropiado, en todo caso ahí estaba yo con mi corbata roja y hasta me eché por primera vez un poco de esa agua de colonia que ella siempre me regala, Cuando Aguilar bajó, Agustina pasó varias veces frente a él sin decirle nada…”
Nota de La Bobada: Cuando iba por esta parte, nuestro digitador vio que faltaba aún media página para que la frase terminara y, ofuscado, dijo que si queríamos que siguiera escribiendo eso le íbamos a tener que empezar a pagar y que “también tampoco”.
ON: Y dale con la Saramagia, siento magia. Seguramente la frase terminaba con algo tan terrorista como esa corbata roja que menciona en alguna parte del predicado.
Mario Mendoza, Cobro de sangre.
“…la conciencia de estar vivo, la inmensa dicha de existir, de ser una brizna de materia revoloteando por el universo antes de perderse en los desconocidos laberintos de la eternidad”.
JMS: Creí que Angela Becerra ya había salido del reality. Realmente Mario es muy conmovedor.
Santiago Gamboa, Perder es cuestión de método.
“Era una buena idea”.
ON: No, en realidad sus libros son una pésima idea.
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viernes, 4 de diciembre de 2009
viernes, 27 de noviembre de 2009
Desafío literario. Capítulo 9: cuentos cortos de ideas
No podía ser de otra manera: las crudas revelaciones sobre sus aberradas relaciones con las palabras dejaron peor parada a Ángela Becerra que su fijación por aparecer descalza en las fotos. No sólo nadie lloró mientras se la llevaba un ángel, sino que ante los rumores de que la producción estaba pensando en organizar a los concursantes en grupos por regiones, los escritores caleños celebraron la partida de esta fetichista de las letras tomando Aguardiente Blanco. Como se la llevó un ángel de amor, no podemos asegurar si volverá a atender su asadero en Sutamarchán, La becerrada de Ángela, o si volará a Barcelona a seguir intentando convertirse en la versión femenina y aún más precaria de Paulo Coelho. Entre los productores quedó una duda, ¿quiénes votaron por ella? Todo parece indicar que hay una masa lectora que la considera digna de estar fuera de nuestro absurdity, un grupúsculo de seguidores que ya han leído todas las sandeces de esta verdadera angelita perversa.
En cuanto a los rumores, en efecto, para captar rating entre las madres cola de familia y los desplazados que residen en la blogósfera, los productores de El Desafío Literario tuvieron la brillante y original idea de reunir por regiones a los escritores. Lo iban a llamar "la lucha de las regiones" pero corrían el riesgo de ser demandados por Garracol, entonces decidieron seguir con su pegajoso subtítulo: La lucha de la bobada. Así, los equipos quedaron conformados de la siguiente manera:
Los capitalistas:
Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Eduardo Bechara y Laura Restrepo.
Los corronchos:
Efraím Medina, Gabriel Ruiz-Navarro y Juan Ensuncho.
Los calañas:
Antonio García y Alejandra López.
Los apaisados:
Jaime Espinal, Jorge Franco y Fernando Vallejo.
Y el primer desafío regional es un verdadero reto a estos autores: la prueba de cuentos cortos regionales. Aunque en todos los equipos hubo problemas de convivencia, los concursantes finalmente se pudieron poner de acuerdo y componer unas piezas colectivas que le aportarán su poco grosor a la historia de nuestra literatura y al sabor "Colombia es pasión" de Papas Margarita. Los resultados, como siempre, son sorpresivos e impactantes y reúnen todo el ta lento de estos genios, condensados más que la leche condensada. A continuación, los cuentos cortos de ideas, junto a cortos resúmenes de cómo fueron sus cortos procesos de creación y cortos comentarios con el corto criterio de la primera dama de la literatura en televisión, Clara Elvira Ospina (CEO), a quien el diluvio cogerá con un libro de Íngrid Betancourt debajo del brazo.
Los capitalistas
Cuando todo parecía indicar que sus enormes egos no los dejarían entenderse, pasó lo impensado y sus genialidades se juntaron casi de inmediato, lo que en palabras de Gamboa fue como si "hubiéramos entendido que pertenecemos realmente a un nivel superior". Bechara, como de costumbre, paso inadvertido, sacando a relucir que alguna vez hizo un taller de literatura y que La Movida Literaria le hizo un perfil. Sus paisanos, ganadores de premios que así no tengan respeto al menos dan MUCHO dinero, hicieron lo que hace el resto del mundo: lo ignoraron. El resultado es una pieza que muestra la oscuridad subterránea de la urbe, con los conflictos existenciales y la desesperación de quien no sabe escribir más que clichés.
Infierno abismal
Llegado al abismo de su propia vida en medio de la poderosa certeza de una muerte lenta y seguro de que ni aún muriendo se libraría de sus demonios internos y de la incertidumbre de vivir en un mundo sórdido y agobiante, el periodista Ernesto Bernal Narváez miró hacia abajo. Era profundo y desesperado, como una arteria-alcantarilla que atraviesa la ciudad por debajo y recibe todas sus miserias. Sentía el olor dulzón del basuco y pensaba que era mejor vivir en Pekín. O en París. O en un delirio.
–¿Qué quieres de mí? –gritó de pronto como un demente en un elevado estado de locura y esquizofrenia. Como un demente que no pudiera determinar el más leve resquicio de felicidad o cordura.
No se podría saber a ciencia cierta a qué o a quién le gritaba, pero se sentía una poderosa presencia. Tal vez lo predijo una bruja de la Caracas con 39 o sólo fue un sueño incitado por la infinita sucesión de cigarrillos Pielroja o quizá haya sido la cabeza blanca y llena de canas de su madre moribunda en un lecho de muerte en el que la parca tocaría su puerta con su llamado mortal.
El abismo era el puente de la 53 con 30, con vista a la universidad que lo expulsó por sus ideas revolucionarias en medio de un complot contra todo lo que sonara inverosímil, el puente sobre el que él mismo había dicho en las noticias que era el destino predilecto de los suicidas bogotanos.
Al día siguiente su mismo noticiero informó que un hombre anónimo de 43 años, de aspecto cansado y con un rictus de locura en el rostro, se había tirado del puente de la 53 con 30. Ese era su abismo.
CEO: El cuento bogotano es una mezcla perfecta entre el talento de Laura Restrepo para construir frases largas y saramágicas, la poderosa percepción del mundo de las tinieblas de Mario Mendoza –y su capacidad para redundar hasta el cansancio– y lo fácil que le salen las palabras a Santiago Gamboa. Bechara no se nota, porque sólo aportó lo de la noticia que escuchó sobre los suicidas, pero puede ser como cualquier otro aporte.
Los corronchos
El proceso de los costeños fue más complejo. Mientras Juan Ensuncho Bárcena proponía la creación de un poema de cuatro estrofas que demostrara la belleza de su poesía –no entendió que el concurso era de cuento–, Ruiz-Navarro pensaba en escribir algo menos formal y contemporáneo, tan original que recordara al jamás fusilado Roberto Bolaño, y Efraím Medina proponía un desnudo grupal con un mal peluqueado. Su falta de madurez terminó, sin embargo, encontrando la forma de unificar a estas prometedoras promesas de nuestras letras y letrinas. El resultado es un relato mágica y arriesgadamente desordenado por Ruiz-Navarro, salpicado de la habitual crudeza y descarnado irrespeto a las instituciones de Medina –en este caso, el Biblioburro–, que tiene como protagonista a un bucólico y Bárceno poeta (al que, sin embargo, parece que finalmente no le dieron mucha cabida).
Biblioburro y yo
Al principio todo era un juego. Póngale la cola al burro, se llamaba, y lo jugábamos en las fiestas infantiles. Fue muchos años después, un día en el que ya me había bajado la bragueta y estaba presto a arremeter con mi verga de veinticinco centímetros, cuando entendí que justamente ese juego era el que nos había llevado a la deliciosa costumbre de comer burra. O de comer burro chancleteado, como habíamos visto a nuestros padres hacer. Ahora también estoy listo a arremeter, a meter, a ponerle una vez más la cola al burro. Porque muchos años antes, antes de ahora pero después de los otros, también había encontrado mis otras dos pasiones: la lectura, el ron y la poesía. También descubrí mi propensión a fracasar. Pero un buen día me di cuenta de todo lo que importa en la vida, no joda: la gestión cultural era la alternativa, un festival de cine o una serie de blogs, pero en medio de la gestión encontré una novedosa iniciativa de la alcaldía: el biblioburro, un asno tan intelectual que carga libros –y seguro ha leído más libros que yo–. Al principio era un juego. Ahora es mi vida, mi musa, mi amor y mi biblioteca. Mi Biblioburro chancleteado. Esta es la razón de mi poesía.
CEO: Qué belleza tropical. Parece escrito por un García Márquez posmoderno –y no me refiero a Safran Foer–, alguien que siente el calor de nuestra costa pero también ve su perspectiva intelectual –y no me refiero a Óscar Coñazos–. Ciro Guerra podría hacer una película con este cuento, yo le consigo el patrocinio (o latrocinio) en RCN.
Los capitalistas:
Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Eduardo Bechara y Laura Restrepo.
Los corronchos:
Efraím Medina, Gabriel Ruiz-Navarro y Juan Ensuncho.
Los calañas:
Antonio García y Alejandra López.
Los apaisados:
Jaime Espinal, Jorge Franco y Fernando Vallejo.
Y el primer desafío regional es un verdadero reto a estos autores: la prueba de cuentos cortos regionales. Aunque en todos los equipos hubo problemas de convivencia, los concursantes finalmente se pudieron poner de acuerdo y componer unas piezas colectivas que le aportarán su poco grosor a la historia de nuestra literatura y al sabor "Colombia es pasión" de Papas Margarita. Los resultados, como siempre, son sorpresivos e impactantes y reúnen todo el ta lento de estos genios, condensados más que la leche condensada. A continuación, los cuentos cortos de ideas, junto a cortos resúmenes de cómo fueron sus cortos procesos de creación y cortos comentarios con el corto criterio de la primera dama de la literatura en televisión, Clara Elvira Ospina (CEO), a quien el diluvio cogerá con un libro de Íngrid Betancourt debajo del brazo.
Los capitalistas
Cuando todo parecía indicar que sus enormes egos no los dejarían entenderse, pasó lo impensado y sus genialidades se juntaron casi de inmediato, lo que en palabras de Gamboa fue como si "hubiéramos entendido que pertenecemos realmente a un nivel superior". Bechara, como de costumbre, paso inadvertido, sacando a relucir que alguna vez hizo un taller de literatura y que La Movida Literaria le hizo un perfil. Sus paisanos, ganadores de premios que así no tengan respeto al menos dan MUCHO dinero, hicieron lo que hace el resto del mundo: lo ignoraron. El resultado es una pieza que muestra la oscuridad subterránea de la urbe, con los conflictos existenciales y la desesperación de quien no sabe escribir más que clichés.
Infierno abismal
Llegado al abismo de su propia vida en medio de la poderosa certeza de una muerte lenta y seguro de que ni aún muriendo se libraría de sus demonios internos y de la incertidumbre de vivir en un mundo sórdido y agobiante, el periodista Ernesto Bernal Narváez miró hacia abajo. Era profundo y desesperado, como una arteria-alcantarilla que atraviesa la ciudad por debajo y recibe todas sus miserias. Sentía el olor dulzón del basuco y pensaba que era mejor vivir en Pekín. O en París. O en un delirio.
–¿Qué quieres de mí? –gritó de pronto como un demente en un elevado estado de locura y esquizofrenia. Como un demente que no pudiera determinar el más leve resquicio de felicidad o cordura.
No se podría saber a ciencia cierta a qué o a quién le gritaba, pero se sentía una poderosa presencia. Tal vez lo predijo una bruja de la Caracas con 39 o sólo fue un sueño incitado por la infinita sucesión de cigarrillos Pielroja o quizá haya sido la cabeza blanca y llena de canas de su madre moribunda en un lecho de muerte en el que la parca tocaría su puerta con su llamado mortal.
El abismo era el puente de la 53 con 30, con vista a la universidad que lo expulsó por sus ideas revolucionarias en medio de un complot contra todo lo que sonara inverosímil, el puente sobre el que él mismo había dicho en las noticias que era el destino predilecto de los suicidas bogotanos.
Al día siguiente su mismo noticiero informó que un hombre anónimo de 43 años, de aspecto cansado y con un rictus de locura en el rostro, se había tirado del puente de la 53 con 30. Ese era su abismo.
CEO: El cuento bogotano es una mezcla perfecta entre el talento de Laura Restrepo para construir frases largas y saramágicas, la poderosa percepción del mundo de las tinieblas de Mario Mendoza –y su capacidad para redundar hasta el cansancio– y lo fácil que le salen las palabras a Santiago Gamboa. Bechara no se nota, porque sólo aportó lo de la noticia que escuchó sobre los suicidas, pero puede ser como cualquier otro aporte.
Los corronchos
El proceso de los costeños fue más complejo. Mientras Juan Ensuncho Bárcena proponía la creación de un poema de cuatro estrofas que demostrara la belleza de su poesía –no entendió que el concurso era de cuento–, Ruiz-Navarro pensaba en escribir algo menos formal y contemporáneo, tan original que recordara al jamás fusilado Roberto Bolaño, y Efraím Medina proponía un desnudo grupal con un mal peluqueado. Su falta de madurez terminó, sin embargo, encontrando la forma de unificar a estas prometedoras promesas de nuestras letras y letrinas. El resultado es un relato mágica y arriesgadamente desordenado por Ruiz-Navarro, salpicado de la habitual crudeza y descarnado irrespeto a las instituciones de Medina –en este caso, el Biblioburro–, que tiene como protagonista a un bucólico y Bárceno poeta (al que, sin embargo, parece que finalmente no le dieron mucha cabida).
Biblioburro y yo
Al principio todo era un juego. Póngale la cola al burro, se llamaba, y lo jugábamos en las fiestas infantiles. Fue muchos años después, un día en el que ya me había bajado la bragueta y estaba presto a arremeter con mi verga de veinticinco centímetros, cuando entendí que justamente ese juego era el que nos había llevado a la deliciosa costumbre de comer burra. O de comer burro chancleteado, como habíamos visto a nuestros padres hacer. Ahora también estoy listo a arremeter, a meter, a ponerle una vez más la cola al burro. Porque muchos años antes, antes de ahora pero después de los otros, también había encontrado mis otras dos pasiones: la lectura, el ron y la poesía. También descubrí mi propensión a fracasar. Pero un buen día me di cuenta de todo lo que importa en la vida, no joda: la gestión cultural era la alternativa, un festival de cine o una serie de blogs, pero en medio de la gestión encontré una novedosa iniciativa de la alcaldía: el biblioburro, un asno tan intelectual que carga libros –y seguro ha leído más libros que yo–. Al principio era un juego. Ahora es mi vida, mi musa, mi amor y mi biblioteca. Mi Biblioburro chancleteado. Esta es la razón de mi poesía.
CEO: Qué belleza tropical. Parece escrito por un García Márquez posmoderno –y no me refiero a Safran Foer–, alguien que siente el calor de nuestra costa pero también ve su perspectiva intelectual –y no me refiero a Óscar Coñazos–. Ciro Guerra podría hacer una película con este cuento, yo le consigo el patrocinio (o latrocinio) en RCN.
Los calañas
Los caleños empezaron en desventaja por ser apenas dos. Y Antonio García –conocido en el mundo de las revistas como Toño y en la casa editorial estudio como Coño– y Alejandra López –que no sabemos cómo le dirán, excepto por alguien que le dice Aleloca– no se entendían. Además, no tenían nada que escribir sobre su Cali natal porque lo que vivieron ahí no fue nada comparado con sus patoaventuras en la Javeriana y la Sabana de Bogotá. La solución, por supuesto, adaptar un lugar común de la cultura caleña a los conflictos del hambre contemporáneo, que inicialmente se iba a llamar Cold Cold Cali pero al final cambió por aquello del calentamiento global. Ni Vargas Llosa le contestó a Coño ni Nahum Montt a López, así que se las tuvieron que arreglar solos. Pobrecitos.Andrés Caicedo juega todo el día ping pong. Es Rata en el horóscopo maya pero hubiera querido ser León en el horóscopo chino. Ping pong. También le gustan la salsa y el cine. Lluvia o nieve. Nuestra ciudad, Cali. Cold Cold Cali. La ciudad del destino raro y la sangre fría para soportar su calor y su crueldad diaria. A veces super rumbera a veces super violenta, depende de la época del año, depende de cómo se esté moviendo la merca. Lluvia o nieve. Caicedo tiene que organizar una fiesta de disfraces para su cine club, pero también debe lidiar con una aventura doméstica y misteriosos hallazgos en su correo electrónico. Ping pong.
Ahora Caicedo está escuchando a Radiohead en el iPod y a Héctor Lavoe en el computador. Lluvia o nieve. Ping pong. Quiere salir a deambular las calles de la ciudad, pero su mente se mueve al ritmo del ping pong. El calor subió con los incendios forestales en los alrededores de Cali. Y no hay aire acondicionado. Ping pong. Las nubes de Pance forman figuras en el cielo del norte de Cali que oscurecen algunos días, Vargas Llosa las llamaría nubes calidosas. Caicedo tiene una amante inglesa, Nahum Montt la llamaría Lucy. Ping pong. Yo amo a Lucy y amo escribir cuentos sobres las nubes. Caicedo se emborracha, Caicedo escribe, Caicedo es Alberto Fuguet, Caicedo soy yo, pero yo vivo en Bogotá. Ping pong.
CEO: Este cuento toma lo mejor de este par de jóvenes escritores: la frescura del champús con la universalidad de los romances extraconyugales. El correo electrónico, la metaliteratura de las nubes, Radiohead, ¡qué actual! Un descubrimiento. Yo les daría un Rolex y un premio para que sigan escribiendo. Pero que no publiquen, por favor.
Los apaisados
Fernando Vallejo se negó a escribir con sus coterráneos. Dijo que "Jorge Franco es un pobre mariquita sin carácter y Jaime Espinal un granuja insignificante, y por eso no van a ser capaces de decir la verdad sobre este paisito de mierda y ese valle de lágrimas e infamias gobernado por un liliputiense bellaco salido del mismo valle de lágrimas e infamias llamado Antioquia". Finalmente, un extraño acuerdo detrás de cámaras –que incluyó una dotación permanente de perros y perritos callejeros–, hizo que Vallejo cambiara su amargura por una extraña felicidad y que Franco y Espinal se salieran con la suya: escribir juntos y sin la opinión de Vallejo un relato de amor desesperado.
No es una historia de Tijeras
Como a Rosario le pegaron un chicle en el pelo mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de las tijeras. De ahí en adelante desconfiaba de cada llamada telefónica.
- Quién era? - le pregunta a Sick mientras se toma su 7 UP.
- Era la peluquera, que me quiero hacer un peinado raro! - responde mientras se pinta las uñas y mira con angustia un reloj Bobado que siempre marca las cinco y diez. Entonces Sick recordó cuando la conoció, en medio del éxtasis de una fiesta de pepas. Su cuerpo su cara su pelo te amo su chicle en el pelo su manera de bailar te amo su forma de reventar la bomba del chicle te amo su mirada feroz su alegría sus putas llamadas telefónicas te amo sus aretes gigantes sus putas llamadas telefónicas su sangre dos merengones por mil su pelo te amo. Su sangre, y en esta casa siempre son las cinco y diez. Lo peor es que esta no era una historia de tijeras.
CEO: La mejor historia de amor desesperado desde Lulito. Suponemos que, desde que tiene metro, Medellín debería ser la capital del mundo, así que este cuento no necesita hablar de la ciudad, sólo de un amor universal. La experimentación y la ruptura de las normas gramaticales es tan original que se debería pronunciar "orinal", dos palabras que riman con Espinal. Podrían hacer un trailer para este cuento, porque para moña aún le falta pelo. O película.
Los apaisados
Fernando Vallejo se negó a escribir con sus coterráneos. Dijo que "Jorge Franco es un pobre mariquita sin carácter y Jaime Espinal un granuja insignificante, y por eso no van a ser capaces de decir la verdad sobre este paisito de mierda y ese valle de lágrimas e infamias gobernado por un liliputiense bellaco salido del mismo valle de lágrimas e infamias llamado Antioquia". Finalmente, un extraño acuerdo detrás de cámaras –que incluyó una dotación permanente de perros y perritos callejeros–, hizo que Vallejo cambiara su amargura por una extraña felicidad y que Franco y Espinal se salieran con la suya: escribir juntos y sin la opinión de Vallejo un relato de amor desesperado.
No es una historia de Tijeras
Como a Rosario le pegaron un chicle en el pelo mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de las tijeras. De ahí en adelante desconfiaba de cada llamada telefónica.
- Quién era? - le pregunta a Sick mientras se toma su 7 UP.
- Era la peluquera, que me quiero hacer un peinado raro! - responde mientras se pinta las uñas y mira con angustia un reloj Bobado que siempre marca las cinco y diez. Entonces Sick recordó cuando la conoció, en medio del éxtasis de una fiesta de pepas. Su cuerpo su cara su pelo te amo su chicle en el pelo su manera de bailar te amo su forma de reventar la bomba del chicle te amo su mirada feroz su alegría sus putas llamadas telefónicas te amo sus aretes gigantes sus putas llamadas telefónicas su sangre dos merengones por mil su pelo te amo. Su sangre, y en esta casa siempre son las cinco y diez. Lo peor es que esta no era una historia de tijeras.
CEO: La mejor historia de amor desesperado desde Lulito. Suponemos que, desde que tiene metro, Medellín debería ser la capital del mundo, así que este cuento no necesita hablar de la ciudad, sólo de un amor universal. La experimentación y la ruptura de las normas gramaticales es tan original que se debería pronunciar "orinal", dos palabras que riman con Espinal. Podrían hacer un trailer para este cuento, porque para moña aún le falta pelo. O película.
viernes, 23 de octubre de 2009
Desafío Literario. Capítulo 3: Libro al viento
Con lágrimas en los ojos tras la salida de Juan Diego Mejía –causadas por los gases lacrimógenos disparados por el ESMAD a la casa editorial estudio, debido al disturbio que causó el club de ventiladores, Fan Club Ruin–, inició la segunda semana del Desafío Literario: La lucha de la bobada.
Antonio García y Mario Mendoza, ganadores de la prueba de impunidad de la semana pasada, celebraron su triunfo y dijeron que era mejor que el Rolex y el Planeta que ganaron respectivamente en años pasados. Sin embargo, Toño García –o ‘Coño’, como lo llaman cariñosamente sus compañeros– lamenta que la cucharita se le perdió después de tomarse la foto. La envidia brotó como acné en la cara de Santiago Gamboa, quien aún no aprende el método para perder.
Una escalofriante prueba de impunidad recibió a los concursantes en la mañana del viernes: Libro al viento: lanzamiento de novela. Ubicados en la pista de lanzamiento de bala de la Escuela de Infantería, los escritores tuvieron que demostrar que, además de hígado, un verdadero escritor debe tener jefe de prensa. Para comprobar la técnica y el alcance de los lanzamientos, que debían llegar a la librería que se instaló en el batallón sólo por este día, el Desafío convocó un jurado conformado por Nahum Montt y Fernando Gómez Echeverri. El primero aceptó encantado y aseguró que empezará a preparar su novela El Espinal y la Margarita, inspirado por este sorprendente reality; el segundo vino para ver si aprende a lanzar novelas, ya que su ópera prima, Salta chicharro, sólo la conocieron y reseñaron sus amigos.
La primera en lanzar fue Ángela Becerra, quien, gracias a la falta de peso de sus novelas, alcanzó a golpear la librería. La misma suerte corrieron Alejandra López, Eduardo Bechara y Luis Fernando Charry, pero sólo este último se ubicó dentro de la librería, pues los otros dos carecen de las palancas para entrar a una de verdad.
Efraím Medina lanzó su libro pero sus genitales quedaron al descubierto, por lo que fue amenazado automáticamente para salir del Desafío. Minutos después, Fernando Vallejo dijo que no le importaba la prueba, que él no tiene que demostrarle a nadie que es mejor que los demás, que eso está claro, que qué hijueputas le iban a hacer si no eran más que pedos y relinchos de caballo, malparidos colombianos, todos en este país son una chusma infecta, que… finalmente, el jurado lo descalificó por connivencia, luego de que amenazara con lanzar a sus perros en lugar de un libro. Vallejo, furioso, lanzó su pasaporte y se alejó de la pista maldiciendo al jurado.
Gabriel Ruiz-Navarro lanzó Sin dirección pero, por falta de fuerza, su libro no alcanzó a llegar a la librería. Al igual que él, Jorge Franco y Margarita Posada se quedaron cortos, muy cortos.
Llegó el turno de Jaime Espinal y un montaje de música de Trópico Esmeralda, videoarte, plumas, teatro, luces, rifas, juegos y espectáculos hizo que el público se olvidara de la literatura; cuando todos se encontraron asqueados por la baja calidad del show, pidieron que se detuviera y descubrieron que, con un poder planetario, la obra de Espinal había llegado a la librería, dejando al joven autor con una ventaja notable sobre sus competidores.
Juan David Correa lanzó su obra, pero los jurados no lo notaron porque Todo pasa pronto; sin embargo, dicen que el libro aún se encuentra a $2.000 en La Gran Manzana de la Calle 72. Algo parecido sucedió con Juan Ensuncho, que jura e insiste que sí tiene un libro, que lo lanzó en la mismísima Cueva de Barranquilla, que hasta algún lector de La Bobada Literaria dice que tiene una copia. Para que dejara de ensunchar, los jurados fingieron creerle y lo dejaron seguir en el reality.
Laura Restrepo se puso a hablar mal de la Iglesia Católica, siguiendo el reciente ejemplo de Saramago, y lanzó la novela Caín –original del Nobel portugués– diciendo que ella la hubiera podido escribir.
Por su parte, Santiago Gamboa lanzó Necrópolis pero le pegó en la cabeza a Correa, según él, de forma accidental; tras una inspección, el jurado descubrió que todo se debe a que alguna vez Arcadia publicó una reseña negativa de uno de los indudablemente excelentísimos libros del genial Gamboa. De esta manera, el representante internacional de la bobada se convirtió en el tercer descalificado y candidato a la eliminación de la casa editorial estudio.
Por último, William Ospina no alcanzó siquiera un metro de distancia en su lanzamiento: la densidad de su obra, que acumula siglos de la historia más pesada, la hizo físicamente imposible de lanzar. Así, se convirtió en el cuarto amenazado.
Durante toda la prueba, Mario Mendoza estuvo meditabundo y abstraído, mientras que Coño García aprovechó para dormir el guayabo que lo aquejaba. Volvieron en sí cuando Aura Cristina anunció que el ganador de la impunidad era Jaime Espinal, por hacer el lanzamiento más bobo en la historia de las letras y letrinas nacionales. Es por eso que, a partir de este momento, se abren las urnas de La Bobada Literaria para que ustedes, bobísimos lectores, escojan quién de los cuatro amenazados por connivencia debe salir de la casa editorial estudio.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Maestría en Manitas Creativas
En un país donde los escritores saben muy poco de literatura pero, claramente, no saben nada sobre cómo escribir, La Bobada Literaria asume el compromiso de ayudar a las futuras generaciones para que no tengan que leer las risibles Rosario Tijeras, Satanás, Justos por pecadores o cualquiera de los libros de Germán Castro Caycedo. Por eso, convencidos de que éste será el texto más citado por las profesoras de escuelas rurales y distritales que ya no saben qué más hacer con aquel remoto escrito de García Márquez, Por un país al alcance de los niños, presentamos a continuación el pénsum del Taller de Manitas Creativas La Bobada Literaria, con el fin de apoyar la educación de los nuevos guanabís y los artistas de pan integral. La cuidadosa selección de los docentes busca generar la definitiva aniquilación de los mismos.
Efraím Medina Reyes: "Inicio, desnudo y desenlace". 1 crédito.
Mario Jursich: "Erre con erre cigarro y otros trabalenguas para niños". 2 créditos.
Marianne Pond´s: "Escribir para producir arcadas". 1 crédito.
Jorge Franco: "La novedosa técnica del flashblack". Total descrédito.
Nahum Montt: "El Tiempo, El Espacio y El Espectador: grandes fuentes de inspiración". 2 créditos.
Jaime Andrés Mansalve: "Música para mis calzones". 1 crédito.
Gusta Bobo Lívar: "Sin tetas no hay paja rusa". 1 cerdito.
Santiago Gamboa: "Si escribir no es negocio, recurra a la diplomacia" y "Diplomacia para escritores". Sin réditos.
Jaime Espinal: "El spandex en la literatura". Crecido.
Mario Mendoza: "Cómo posar para las fotos mirando al infinito". 1 crédito. Y "Un pelo blanco y lleno de canas y otras incongruencias para ganarse el Premio Planeta". Crédito bancario.
Ricky Ricón Silva Romero: "Cómo escribir novelas sin salir de la casa (de los papás)". Crédito vitalicio.
Laura Restrepo: "Cómo escribir igual a los jurados y ganarse los premios". Todos los créditos.
Cameo Jiménez: "Lo breve, si breve, dos veces breve". Bolsa de créditos y pasantía no remunerada en la revista El Maloliente.
Patricia Castañeda: "El arte de escribir cuentos con palabras como Nokia". 5 mil minutos de crédito a todos los celulares.
Piedad Dubonnet: "Cómo escribir versos culifruncidos". 1 crédito.
Juan Álvarez: "Cómo ser la eterna promesa de las letras". 1 comparendo en la Secretaría de Movilidad.
Juglar del Zipa: "Periodismo, historia y culinaria". 25 ajiacos.
Antonio García Ángel: "Cómo escribir novelas de Vargas Llosa y llevarse el crédito". El crédito es para Vargas Llosa.
Margarita Posuda: "De este libro no leeré: el arte de ser selectivo". Crudito.
Luz Mery Giraldo: "Casa de citas". Te roba el crédito.
Juan Cagaray: "Referentes cultos para novelas que sólo uno entiende". Si se vende, 1 crédito.
Fernando Gómez: "Salta Chicharro". 1 crédito.
En un gesto magnánimo, La Bobada Literaria permitirá a la Fundación Gilberto Alzate decir que este taller es una iniciativa suya, para que dé la impresión de que en la entidad samuelista se preocupan por hacer algo. También proponemos a los aspirantes líneas de profundización en asocio con el Freud de la Universidad Nacional.
Efraím Medina Reyes: "Inicio, desnudo y desenlace". 1 crédito.
Mario Jursich: "Erre con erre cigarro y otros trabalenguas para niños". 2 créditos.
Marianne Pond´s: "Escribir para producir arcadas". 1 crédito.
Jorge Franco: "La novedosa técnica del flashblack". Total descrédito.
Nahum Montt: "El Tiempo, El Espacio y El Espectador: grandes fuentes de inspiración". 2 créditos.
Jaime Andrés Mansalve: "Música para mis calzones". 1 crédito.
Gusta Bobo Lívar: "Sin tetas no hay paja rusa". 1 cerdito.
Santiago Gamboa: "Si escribir no es negocio, recurra a la diplomacia" y "Diplomacia para escritores". Sin réditos.
Jaime Espinal: "El spandex en la literatura". Crecido.
Mario Mendoza: "Cómo posar para las fotos mirando al infinito". 1 crédito. Y "Un pelo blanco y lleno de canas y otras incongruencias para ganarse el Premio Planeta". Crédito bancario.
Ricky Ricón Silva Romero: "Cómo escribir novelas sin salir de la casa (de los papás)". Crédito vitalicio.
Laura Restrepo: "Cómo escribir igual a los jurados y ganarse los premios". Todos los créditos.
Cameo Jiménez: "Lo breve, si breve, dos veces breve". Bolsa de créditos y pasantía no remunerada en la revista El Maloliente.
Patricia Castañeda: "El arte de escribir cuentos con palabras como Nokia". 5 mil minutos de crédito a todos los celulares.
Piedad Dubonnet: "Cómo escribir versos culifruncidos". 1 crédito.
Juan Álvarez: "Cómo ser la eterna promesa de las letras". 1 comparendo en la Secretaría de Movilidad.
Juglar del Zipa: "Periodismo, historia y culinaria". 25 ajiacos.
Antonio García Ángel: "Cómo escribir novelas de Vargas Llosa y llevarse el crédito". El crédito es para Vargas Llosa.
Margarita Posuda: "De este libro no leeré: el arte de ser selectivo". Crudito.
Luz Mery Giraldo: "Casa de citas". Te roba el crédito.
Juan Cagaray: "Referentes cultos para novelas que sólo uno entiende". Si se vende, 1 crédito.
Fernando Gómez: "Salta Chicharro". 1 crédito.
En un gesto magnánimo, La Bobada Literaria permitirá a la Fundación Gilberto Alzate decir que este taller es una iniciativa suya, para que dé la impresión de que en la entidad samuelista se preocupan por hacer algo. También proponemos a los aspirantes líneas de profundización en asocio con el Freud de la Universidad Nacional.
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