viernes, 29 de octubre de 2010

Triqui triqui

Tenemos que admitir públicamente lo siguiente: nos gustan todas las fiestas porque sirven de excusa para seguir bebiendo, incluso las del 31 de octubre, atestadas de superhéroes y diablas tercermundistas. En años anteriores, en Halloween nos hemos emborrachado hasta perder el conocimiento, pero lo mejor es que nos hemos podido disfrazar de Jorge Franco, de Jaime Espinal y hasta de Efraím Medina –nos montamos en una bicicleta empelotas y pusimos una salchichita Viena en nuestra entrepierna con un aviso que decía “mi verga mide 25 cms, pero es que hoy está haciendo frío”–.

Este año, decidimos aprovechar nuestra arrolladora creatividad y hacer los disfraces que serán la sensación de tuiteros, blogueros, hipsters y gentes 2.0: se trata de una pequeña serie de máscaras que jamás conseguirán en una tienda de disfraces con los 2 personajes más 0 de la bobósfera.

¿Quieres verte como un poeta de pueblo?


La máscara de Ensuncho será la sensación en festivales de cine que no llegan ni a cineclubes. Creerte el mayor intelectual así no tengas absolutamente nada que decir, será mucho más fácil con esta máscara. Además, ya no tendrás que llevarte la mano a la barbilla para entender tus propios poemas y hasta te puedes ahorrar el sombrerito. Para robar más, no olvides usar la @ en lug@r de l@ o y la a.


¿No sabes escribir –y ni siquiera hablar– pero quieres autodenominarte ensayista?


La cara de Elsy te abrirá las puertas de universidades de garaje y de conferencias sobre cómo escribir en las redes sociales –toda una ciencia para quienes no saben siquiera qué es internet–. Además, con estas máscaras despertarás la lujuria de @chicomatico y, aunque nadie te tenga miedo, dirás que todos te tienen miedo. También pronunciarás el sonido de la x como ts (por ejemplo, “hice una refletsión”) y comerás mucha “pipsa con petsi”.


Ya lo saben, bobos lectores, impriman estas espectaculares máscaras y pónganles un hilito para amarrarlas a sus cabezas. Envíen sus fotos a nuestro impredecible correo electrónico – labobadaliteraria@gmail.com–, y la más divertida ganará una cita a ciegas con nosotras en alguna videorockola para ciegos.

Cambiando de tema, los resultados de nuestra pasada encuesta dejaron claro que las ferias de arte en Bogotá sirven para demostrar que "los jóvenes talentos" carecen de talento y que César Gaviria ha tenido mucho talento para que la gente no sepa que está en el baúl rosado. También, que lo único peor que ver cine colombiano es ver una telenovela de Marbelle, lo que nos asusta un poco por el rumor que habla de una película sobre la diva caleña escrita y protagonizada por Natalia París. Pero, sin duda, el resultado más aterrador es el que ubica a Álvaro Uribe Vélez como el posible reemplazo de María Eugenia Rojas en la Alcaldía de Bogotá, idea que nos hace temer por la suerte de los borrachos del parque Lourdes –que serán convertidos en falsos positivos– y nos lleva a desear que la administración actual se declare vitalicia.

En este desorden de ideas, y volviendo al tema de los disfraces, los dejamos con nuestra acostumbrada encuesta de la semana, que esta vez indaga sobre dos temas de primerísimo orden:

¿Cuál fue el mejor disfraz del año?
El de Alcalde, de Samuel Moreno
El de turistas, de los hermanos Nule
El de escritora, de Íngrid Betancourt
El de periodista, de Pacho Santos

¿Cuál será el disfraz ganador de la noche?
El de falso positivo
El de Ogro ingreso seguro
El de borracho
El de turistas, de los hermanos Nule
El de ciudad en crecimiento, de Bogotá

viernes, 22 de octubre de 2010

El próximo presidente de Colombia y algo más

Terminamos una semana más de bobadas, aunque sólo publicamos dos. Para los que no tienen memoria, la semana pasada nuestra única entrada fue una genial encuesta sobre quién debe ser el próximo presidente de Colombia según su fotogenialidad. Así, nos adelantamos a todas las casas de apuestas –es decir, las empresas de encuestas– y le dimos una lección de vida a la Urna Virtual, la Turma Virtual y la gente de Twitter: la Chusma Virtual. El ganador, sin necesidad de segunda vuelta, es Papá Noel, más conocido en nuestro ámbito político como Carlos Gaviria. Ya lo sabes, Vicky Dávila, empieza a coquetearle desde ya a este barbuchas aguardientero porque Uribe ya no volverá al trono. Y los demás colombianos, prepárense: está demostrado que en este país somos tan bobos como para creer en Papá Noel, así que no se les haga raro que dentro de ocho años el presidente sea Samuel Moreno.

Para no perder la costumbre, esta semana seguimos midiéndole el aceite a la opinión púbica (guiño, guiño): ya saben cómo votar en nuestras encuestas, más incorruptibles que los hermanos Moreno Rojas. Los temas, después de un sesudo conejo de redacción, son los siguientes:

Samu El Alcalde está a un cacerolazo de decirle a su mamá que deje de gobernar Bogotá, así que debemos pensar a futuro:

¿Quién debería ser el reemplazo de Samu?

Juan Lozano, para que le dé los contratos a los hijos de Uribe
Bruno Díaz, pero no el de Ciudad Gótica sino el de acá, gracias a que están de moda las series ochenteras en Señal Colombia.
William Vinasco, para convertir a Candela Estéreo en patrimonio cultural de la ciudad
Álvaro Uribe Vélez, para que los nuevos falsos positivos sean de Chapinero

Pasando al delicioso y apasionante ámbito cultural colombiano, hay dos eventos que causan sensación esta semana. El primero es la semana del cine colombiano, con premios y todo, creada para demostrar que dar limosna sí rinde frutos, aunque la gran mayoría de esos frutos nazcan podridos. Lo más importante de todas las leguleyadas y la burocracia cinematográfica es que ahora los directores de cine pueden empezar a planear las fiestas de estreno de sus películas mucho antes de escribirlas. Por eso, queremos que ustedes reconozcan el cine colombiano:

¿Qué le parece peor que ver una película colombiana?
Ir a un concierto de reggae bogotano
Ver la telenovela de Marbelle
Escuchar música de Marbelle
Salir a ver los alumbrados navideños en Halloween

Por último, esta semana Bogotá –si la reducimos a quinientos metros cuadrados– se inunda de arte. Estamos hablando del único evento más esnob que el Festival Malpensante: ArtBo. Si usted tiene algunos cientos de millones de pesos en su monedero y no sabe qué hacer con ellos, esta es su oportunidad de invertirlos en arte. Llévese la mano a la barbilla y descubra por qué es que decimos que los artistas colombianos pasan más tiempo frente al espejo, componiendo su pinta, que haciendo buenas obras. Así que:

¿Para que sirve una feria de arte en Bogotá?

Para que César Gaviria y Ana Milena salgan del baúl rosado
Para gorrear vino en las galerías internacionales
Para confirmar que “los jóvenes talentos” no tienen talento
Para comprar un televisor LCD y llevarse gratis una videoinstalación

Sin más, hasta luego.

jueves, 21 de octubre de 2010

Bobster

Acaba de llegar a nuestra redacción un artículo de Daniel Pardo en el que califica a este irrelevante blog de "hipster". Como su calificativo nos puso hipstéricas y nos hizo volar los sombreritos por los aires, queremos explorar de qué se trata eso que él dice que otros llaman en artículos donde citan a un montón de gente "chapiyorker", que viene siendo la versión criolla del hipster neoyorquino –eso sería como decir que Harold Puñetero es la versión criolla de Jim Jarmusch, ya que todo lo que no se autodefina como otra cosa es, según el autor de ese blog, un hipster–.

Pardo dice en su artículo que "Un hipster, primero que todo, no se considera hipster. Tampoco se considera nada. Se considera, más bien, una persona que no está encasillada en ismos". Primero que todo, los hipsters sí se encasillan: se ponen sombreritos, gafas wayfarer, ropa que no venden en los centros comerciales y se creen lo más de chéveres porque usan todos los productos egocéntricos de Mac y tienen mechones pintados de morado. De tajo, el bloguero de las gafas wayfarer se equivoca cuando dice que La Bobada Literaria es hipster: nosotras nos consideramos bobas y profesamos el bobismo, con todo lo que eso implica: el uribismo, el santismo, el samuelismo, el mockusismo, el silvestrismo y todos los ismos literarios: el piedracielismo, el romanticismo, el naturalismo, el jaimespinalismo y el ismo de Panamá, que tiene una t intermedia pero da lo mismo. Danny asegura, además, que los hipsters no sólo son trivialidad y chabacanería. Entonces, señor Pardo, ¿piensa usted contradecir a Elsy Rosas diciendo que este blog se trata de algo más que trivialidad y chabacanería?

Nuestro compañero de blogoaventuras en SoHo –a quien le pagan menos que a nosotras porque los anunciantes nos prefieren bobas– dice también que los hipsters están en sus veinte, estudian dos carreras, andan en bicicleta y protegen el medio ambiente; lo que no sabe es que una de nosotras ya salió de los veinte y las otras no están muy lejos, que nos aburrimos suficiente con una sola carrera (para las tres), que nos gusta pasar los días aguantando trancones en nuestra Hummer y que estamos haciendo todo lo posible por acabar con el planeta lo más pronto, si eso significa librarlo rápido de los escritores colombianos.

Pero tal vez lo que le quita toda la credibilidad al texto de Pardo es que dice que los hipsters se la pasan conectados a Internet, donde manejan el contenido y presentan opciones de lectura diferentes a El Tiempo, como si ese periódico alguna vez hubiera sido pensado para ser leído. Ninguna de las tres bobas que escribimos este blog bajo el yugo esclavizante de José Gabriel Ruiz-Navarro y de Daniel Samper Ospina tiene un teléfono con conexión wet y sólo cuando no nos estamos emborrachando es que revisamos el Twitter y escribimos alguna de nuestras chabakánikas entradas.

Sabemos que se van a apresurar a calificarnos de chapiyorkers y a acusar a esta entrada de hipster, pero no se dejen engañar: no nos gusta la comida orgánica –preferimos la comida orgásmica–, vivimos en un conjunto residencial en las goteras de Sutamarchán, no sabemos montar en bicicleta y menos por las ciclorrutas de Bogotá y lo más hipster que hemos hecho en la vida fue ir una vez a InVitro a gorrear Peroni, pero sólo nos regalaron una cerveza para las tres así que nos fuimos a una videorockola gay del sector a tomar Poker a $1.300.

Daniel Pardo, escritor sombrerito*, sabemos que tú con tus viajes alrededor del mundo, tus gafas dylanescas, tus discos de Arcade Fire y tus diplomas uniandinos eres todo un hipster; pero, por favor, no metas a toda la gente en tu mismo costal de fique orgánico.

*“Sombrerito” es un adjetivo registrado por La Bobada Ilimitada para referirse a las payasadas conceptuales de los artistas que creen que poniéndose sombrerito y/o gafas wayfarer son más interesantes; por ejemplo: “Daniel Pardo es un bloguero sombrerito”.