No lo podemos culpar: todos fuimos adolescentes alguna vez. Pero esa pose de muchacho loco le alcanzó a Andrés para llegar a la radio, aunque no a integrar parrilla alguna sino para hacer irreverentes programas para los adolescentes más bobos de la era siguiente a El Siguiente Programa. Esa Silla Eléctrica se convirtió en una pieza de culo para nuestra cultura, tanto que dos de los seis oyentes que tenía ese espacio piensan que este blog no existiría si no hubiera existido ese programa antes. Pero no: nuestro lenguaje nunca ha sido rimbombante y nuestro contenido nunca se ha centrado en decir qué canción sonó en el capítulo de Beverly Hills 90210 en el que Brandy le dio un beso a Brindis ni en hablar mal de Pink Floyd porque le gusta a todo el mundo.
Empero –como espetaría nuestro personaje del mes para no decir "sin embargo"–, consciente de que había nacido para ser un ser de otra época, Andrés optó por darle un giro a su existencia –como diría para no decir "vida" y demostrar que tiene un amplísimo vocabulario–. Además de músico (cosa que lamentablemente nunca dejará de ser), se convirtió en escritor y "experto en la materia", cualquiera que sea esa materia. Y sabe que para ser algo tan pretencioso e inclasificable también es más fácil convertirse antes en un estereotipo: pantaloncito de cuadros con Converse rotos, chalequito con sombrerito, corbatica con boína, enormes gafas de marco grueso, barba de tres días perfectamente delineada, pelo con gel –o aguapanela, para hacerlo a la usanza de los antiguos cachacos–, una original pasión por todo lo que no está de moda y un bucolismo que, sin nada de lo anterior, sería igual de exasperante. Para la muestra, apenas un tuit:
Prueba de la vulnerabilidad del humano ante su entorno es lo mucho que cambia el funcionamiento de una ciudad por causa de una lluvia.Así, este delicioso y sensible representante de nuestra cultura decidió alejarse de las épocas sencillas en las que cantaba "no me hagan crecer, no me obliguen a ser" para, sin más, registrar con solemnidad la intrascendencia de la vida. Bueno, de su propia vida. Una vez más, algunos de sus geniales tuits:
Los hechos más determinantes de nuestra existencia, incluidos nacimiento, nombre y deceso, son variables que por lo general no decidimos.Esto, por supuesto, no se podría observar de otra manera que con un tono pomposo, por el que le surerimos cordialmente a Andrés revisar el rumbo trazado por su progenitor y apodarse Pomponi –igual, a él le gustan esos loquitos de los libros de historia, como Pomponio–. Eso, sin duda, le daría mayor autoridad para seguir siendo el experto en la materia por excelencia, aquel que opina con mensa certeza sobre todos los temas:
Quizá por nuestra natural inconformidad con lo que en efecto tenemos, el pasado y el futuro nos parecen más divertidos que el presente.
Es saludable cometer errores deliberados para después arrepentirse, dado que el arrepentimiento es propio de los espíritus nobles.
Monotonía: El injustificable prejuicio ha reforzado en mí la creencia de que los lunes siempre son grises, y de que los viernes suelen ser soleados.Pero eso no es todo. Parte de semejante cliché de la contemporaneidad –así él diga que no es hipster, que lo de él es retro, vintage o simple nostalgia– debe ser tener un blog, y mejor si es en eltiempo.com, el medio que más ha demostrado cuidado en la selección de sus contenidos. Allí, Pomponi propone “Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?”. En otras palabras, nos somete a todas aquellas importantes disquisiciones que no alcanza a cubrir en 140 caracteres, como en este post en el que además pone en evidencia, junto a las características ya enunciadas, la firmeza de sus convicciones y que lo que menos le interesa es posar, no, eso jamás:
Miedos: Algunos le temen al ruido. Otros padecen de un irracional pánico al silencio. Y para aplacarlo lo llenan con palabras o canciones insulsas.
Originalidad: Es común que alguien nos diga que nos llamará en 15 minutos. Para evitar la repetición, prefiero hablar de 17 ó 13 minutos...
Soluciones: Tal como alguna vez hubo zonas de tolerancia, debería haber 'zonas de hurto consentido', destinadas a que los malhechores ejerzan su oficio.
Confusiones: Por un asunto caprichoso, y para superar el complejo del 10 y del 5, prefiero redondear las cifras con números distintos a esos dos.
Literatura: Yo sería un colaborador entusiasta y gratuito de Wikipedia, si me dejaran firmar y me dieran el debido crédito por mis aportes.
Relaciones internacionales: España –nuestra 'madre patria'– es la única madre que exige visa a sus hijos para ir a visitarla.
Gastronomía: Hay comidas con nombres repugnantes. Entre éstas destacaría el 'sancocho', el 'churrasco' y el 'salchichón'. Ello alienta mi vegetarianismo.
Fenómenos culturales: Me opongo de manera taxativa a la tropicalización forzosa de Bogotá, ciudad gélida, sabanera, enclavada en lo más hondo de los Andes.
Tendencias: Prueba del borreguismo del bogotano está en el hecho de decir 'pico y placa' en lugar de 'restricción de placas', torpe lema institucional.
Tiempo: Los días deberían comenzar –en forma oficial– a las 6:00 a.m. y culminar a las 5:59 a.m. ¿No sería eso más lógico?
Medicina: Los virus gripales deberían abstenerse de atacar a sus víctimas durante ciertas fechas, incluyendo cumpleaños y diciembres.
Salud: Los embates invernales han hecho mella en mi salud, y ya mi garganta acusa los primeros síntomas de una afección gripal severa.
Fútbol: ¿Por qué no entramos en razón? ¡Los oncenos balompédicos capitalinos han sido cobijados por una siniestra y eterna maldición!
Me mantengo obstinado en mi intención de no seguir alimentando este espacio, dada la irrespetuosa invisibilización de la que los 'bloggers' de El Tiempo hemos sido protagonistas, por cuenta del discutido rediseño. Aun así, la disciplina autoimpuesta de publicar cuanto menos un texto mensual aquí me lleva a ceder, cada 30 días, en mi propósito. Aquí voy, con una consideración cuya pretensión es anticiparse a la muerte.Si es que tienen la paciencia para leer a alguien que se cree Alfredo Iriarte pero sólo atina a usar unas cuantas palabras rebuscadas, les dejamos como pruebas de la impotable profundidad de este ser entradas como esta, y esta y esta y esta o cualquiera. Sabemos que Andrés nos agradecerá que, por primera vez en la historia de su blog, lo leerán más de dos personas.
Pomponi despliega, además, un inagotable e indudable carisma que le ha dado un primerísimo lugar en eventos de humor virtual –lo de virtual es porque no es real– en los que siempre presenta una original parodia que demuestra que el humor en Colombia pasa por un pésimo momento:
Y, también, cuando el público ya se está durmiendo, pone a rodar su reconocida parodia al tropipop, del que por sus pintas podría ser fácilmente uno de sus representantes.
Como nosotras también somos multimediocres –y sabemos que en cinco años vendrá alguien a burlarse de nosotras pero no logrará encontrar joyas como estas–, queremos mostrarles la faceta más seria y desconocida de nuestro bobo del mes, aún más rimbombante y artistíco: sus cuentos, escritos para ser leídos al estilo de Radio Sutatenza:
No sabíamos para qué parte dejar este último video, que es una síntesis de la carrera de nuestro artista multimediocre favorito, un perfil hecho por él mismo, una colcha de retazos de los videos que durante años ha recopilado Andrés (García) Ospina para no deprimirse con el hecho de ser él mismo:
Para terminar, ahora sí, los dejamos con un par de trinos parádojicos.
La buena forma de un escrito es herramienta de probada utilidad para enmascarar su pobre contenido. ¿No?
Tal como hay un programa de protección de testigos debería haber uno de cambio de identidad para los que hacen ridiculeces vía YouTube.