martes, 18 de enero de 2011

Andrés Ospina, personaje del mes en La Bobada Literaria

Nuestro bobo del mes es el Billy Pontoni de la multimediocridad: escritor, músico, jurado, actor de Pequeños Gigantes, periodista, radiodifusor, curador y experto en cosas pasadas de moda (para estar a la moda), su nombre vuelve a sonar cada cierto tiempo; este año, moja prensa gracias a un diccionario de bogotanismos que se ganó un estimulante estímulo samuelista porque la Secretaría Bilingüe de Cultura no sabe en qué gastarse el presupuesto. Hijo del excelente cantante de éxitos como Dime qué pasó y un comercial de Coca Cola, Andrés Ospina –que, originalmente, se llama Andrés García Ospina pero que le pareció aún más original cambiarse los apellidos para que no lo relacionen con su papá– se dejó seducir en sus inicios por el legado Pontoni –no del futbolista, sino del artista– e intentó iniciar la nueva-nueva ola, protagonizando así el primero de sus clichés, el de rockerito inconforme que cree que la educación es una prisión:



No lo podemos culpar: todos fuimos adolescentes alguna vez. Pero esa pose de muchacho loco le alcanzó a Andrés para llegar a la radio, aunque no a integrar parrilla alguna sino para hacer irreverentes programas para los adolescentes más bobos de la era siguiente a El Siguiente Programa. Esa Silla Eléctrica se convirtió en una pieza de culo para nuestra cultura, tanto que dos de los seis oyentes que tenía ese espacio piensan que este blog no existiría si no hubiera existido ese programa antes. Pero no: nuestro lenguaje nunca ha sido rimbombante y nuestro contenido nunca se ha centrado en decir qué canción sonó en el capítulo de Beverly Hills 90210 en el que Brandy le dio un beso a Brindis ni en hablar mal de Pink Floyd porque le gusta a todo el mundo.

Empero –como espetaría nuestro personaje del mes para no decir "sin embargo"–, consciente de que había nacido para ser un ser de otra época, Andrés optó por darle un giro a su existencia –como diría para no decir "vida" y demostrar que tiene un amplísimo vocabulario–. Además de músico (cosa que lamentablemente nunca dejará de ser), se convirtió en escritor y "experto en la materia", cualquiera que sea esa materia. Y sabe que para ser algo tan pretencioso e inclasificable también es más fácil convertirse antes en un estereotipo: pantaloncito de cuadros con Converse rotos, chalequito con sombrerito, corbatica con boína, enormes gafas de marco grueso, barba de tres días perfectamente delineada, pelo con gel –o aguapanela, para hacerlo a la usanza de los antiguos cachacos–, una original pasión por todo lo que no está de moda y un bucolismo que, sin nada de lo anterior, sería igual de exasperante. Para la muestra, apenas un tuit:
Prueba de la vulnerabilidad del humano ante su entorno es lo mucho que cambia el funcionamiento de una ciudad por causa de una lluvia.
Así, este delicioso y sensible representante de nuestra cultura decidió alejarse de las épocas sencillas en las que cantaba "no me hagan crecer, no me obliguen a ser" para, sin más, registrar con solemnidad la intrascendencia de la vida. Bueno, de su propia vida. Una vez más, algunos de sus geniales tuits:
Los hechos más determinantes de nuestra existencia, incluidos nacimiento, nombre y deceso, son variables que por lo general no decidimos.

Quizá por nuestra natural inconformidad con lo que en efecto tenemos, el pasado y el futuro nos parecen más divertidos que el presente.

Es saludable cometer errores deliberados para después arrepentirse, dado que el arrepentimiento es propio de los espíritus nobles.
Esto, por supuesto, no se podría observar de otra manera que con un tono pomposo, por el que le surerimos cordialmente a Andrés revisar el rumbo trazado por su progenitor y apodarse Pomponi –igual, a él le gustan esos loquitos de los libros de historia, como Pomponio–. Eso, sin duda, le daría mayor autoridad para seguir siendo el experto en la materia por excelencia, aquel que opina con mensa certeza sobre todos los temas:
Monotonía: El injustificable prejuicio ha reforzado en mí la creencia de que los lunes siempre son grises, y de que los viernes suelen ser soleados.

Miedos: Algunos le temen al ruido. Otros padecen de un irracional pánico al silencio. Y para aplacarlo lo llenan con palabras o canciones insulsas.

Originalidad: Es común que alguien nos diga que nos llamará en 15 minutos. Para evitar la repetición, prefiero hablar de 17 ó 13 minutos...

Soluciones: Tal como alguna vez hubo zonas de tolerancia, debería haber 'zonas de hurto consentido', destinadas a que los malhechores ejerzan su oficio.

Confusiones: Por un asunto caprichoso, y para superar el complejo del 10 y del 5, prefiero redondear las cifras con números distintos a esos dos.

Literatura: Yo sería un colaborador entusiasta y gratuito de Wikipedia, si me dejaran firmar y me dieran el debido crédito por mis aportes.

Relaciones internacionales: España –nuestra 'madre patria'– es la única madre que exige visa a sus hijos para ir a visitarla.

Gastronomía: Hay comidas con nombres repugnantes. Entre éstas destacaría el 'sancocho', el 'churrasco' y el 'salchichón'. Ello alienta mi vegetarianismo.

Fenómenos culturales: Me opongo de manera taxativa a la tropicalización forzosa de Bogotá, ciudad gélida, sabanera, enclavada en lo más hondo de los Andes.

Tendencias: Prueba del borreguismo del bogotano está en el hecho de decir 'pico y placa' en lugar de 'restricción de placas', torpe lema institucional.

Tiempo: Los días deberían comenzar –en forma oficial– a las 6:00 a.m. y culminar a las 5:59 a.m. ¿No sería eso más lógico?

Medicina: Los virus gripales deberían abstenerse de atacar a sus víctimas durante ciertas fechas, incluyendo cumpleaños y diciembres.

Salud: Los embates invernales han hecho mella en mi salud, y ya mi garganta acusa los primeros síntomas de una afección gripal severa.

Fútbol: ¿Por qué no entramos en razón? ¡Los oncenos balompédicos capitalinos han sido cobijados por una siniestra y eterna maldición!
Pero eso no es todo. Parte de semejante cliché de la contemporaneidad –así él diga que no es hipster, que lo de él es retro, vintage o simple nostalgia– debe ser tener un blog, y mejor si es en eltiempo.com, el medio que más ha demostrado cuidado en la selección de sus contenidos. Allí, Pomponi propone “Hablar con compulsión sobre Bogotá, convertirla en eterna modelo de fotografías bien y mal-intencionadas, contar historias inútiles que a muchos y pocos interesan, robar el anonimato a quienes deberían ser contados y descontados. De eso se trata. ¿No?”. En otras palabras, nos somete a todas aquellas importantes disquisiciones que no alcanza a cubrir en 140 caracteres, como en este post en el que además pone en evidencia, junto a las características ya enunciadas, la firmeza de sus convicciones y que lo que menos le interesa es posar, no, eso jamás:
Me mantengo obstinado en mi intención de no seguir alimentando este espacio, dada la irrespetuosa invisibilización de la que los 'bloggers' de El Tiempo hemos sido protagonistas, por cuenta del discutido rediseño. Aun así, la disciplina autoimpuesta de publicar cuanto menos un texto mensual aquí me lleva a ceder, cada 30 días, en mi propósito. Aquí voy, con una consideración cuya pretensión es anticiparse a la muerte.
Si es que tienen la paciencia para leer a alguien que se cree Alfredo Iriarte pero sólo atina a usar unas cuantas palabras rebuscadas, les dejamos como pruebas de la impotable profundidad de este ser entradas como esta, y esta y esta y esta o cualquiera. Sabemos que Andrés nos agradecerá que, por primera vez en la historia de su blog, lo leerán más de dos personas.

Pomponi despliega, además, un inagotable e indudable carisma que le ha dado un primerísimo lugar en eventos de humor virtual –lo de virtual es porque no es real– en los que siempre presenta una original parodia que demuestra que el humor en Colombia pasa por un pésimo momento:



Y, también, cuando el público ya se está durmiendo, pone a rodar su reconocida parodia al tropipop, del que por sus pintas podría ser fácilmente uno de sus representantes.



Como nosotras también somos multimediocres –y sabemos que en cinco años vendrá alguien a burlarse de nosotras pero no logrará encontrar joyas como estas–, queremos mostrarles la faceta más seria y desconocida de nuestro bobo del mes, aún más rimbombante y artistíco: sus cuentos, escritos para ser leídos al estilo de Radio Sutatenza:



No sabíamos para qué parte dejar este último video, que es una síntesis de la carrera de nuestro artista multimediocre favorito, un perfil hecho por él mismo, una colcha de retazos de los videos que durante años ha recopilado Andrés (García) Ospina para no deprimirse con el hecho de ser él mismo:



Para terminar, ahora sí, los dejamos con un par de trinos parádojicos.
La buena forma de un escrito es herramienta de probada utilidad para enmascarar su pobre contenido. ¿No?

Tal como hay un programa de protección de testigos debería haber uno de cambio de identidad para los que hacen ridiculeces vía YouTube.

lunes, 17 de enero de 2011

¿A qué huele la literatura colombiana?

Después de las fiestas de fin de año, las miembras de La Bobada Literaria quedamos en bancarrota y, en un audaz acto de capitalismo, decidimos convertirnos en empresarias. Siguiendo el ejemplo de prohembras como Paris Hilton, Shakira y J Lo leímos El perfume y concluimos que nuestra nariz está muy bien desarrollada. Por eso, hablamos con los escritores colombianos más destacados en los medios y les propusimos algo que nos conviene a todos: crear sus propias fragancias, para que dejen de quejarse de que la literatura no da plata. Los resultados de esta sensacional propuesta de mercadeo cultural –para la que contamos con la asesoría de las mejores mercaderistas de Almacenes Tía–, los bautizamos, simplemente, Hugo Chaparro Boss.

Chanel #25
¿Alguna vez se ha imaginado a qué huele Efraím Medina? Por supuesto que no –y si lo hizo, de seguro vomitó–, pero le adelantamos que huele más a “mi verga de 25 centímetros” que a “su sexo jugoso”. Si quiere convertirse en el hazmerreír de las groupies literarias, no dude en comprar este delicioso perfume que, aunque no alargará el tamaño de su pene ni evitará la eyaculación precoz, sí lo hará alardear de sus nulas dotes en cualquier materia (sexual, literaria o musical). Viene en un frasco de 25 centímetros. Puede usarse como vibrador.

Rosas invisibles
El nombre de este perfume no es cursi ni se refiere a la desaparición de @ensayista, sólo es una marca saramágica, tan saramágica como Laura Restrepo y sus pretenciosas novelas. Combinando un montón de laca para el pelo y delirantes estereotipos sobre “el drama psicológico”, Rosas invisibles promete convertirse en la mayor muestra de por qué en Colombia no hay escritoras. Las primeras cincuenta compradoras de esta fragancia obtendrán un Premio Alfaguara por el mismo precio.

El Maloliente
Ser un dandi tercermundista nunca fue más fácil: déjese la barba, hable como si estuviera bravo e invite a todos sus amigos millonarios –no de Millonarios– a crear una versión cundiboyacense del New Yorker, con todo y un festival para la mensa minoría en el que hablarán de sus interesantes encuentros sexuales y su relación con el cigarrillo. Para completar, esta nueva fragancia tiene un poco del olor a casa vieja de Teusaquillo, algunas gotas cordiales y mucho olor al papel de las revistas que no vende. Este perfume se consigue directamente en las oficinas de El Malpensante e incluye una suscripción por tres años a la revista.

Promiscua y mitómana
La fragancia de Mario Mendoza huele a azufre y a cloaca, en una mezcla de aromas tan incongruente como cualquier cosa escrita por el novelista más afectado y posudo de la literatura colombiana. De venta en el Pozetto, el perfume incluye una visita a las lóbregas tinieblas del Hades, un diploma como ex combatiente de Vietnam y un revólver para que asesine a todo el mundo con seis balas. Póngase la mano en la barbilla, mire al horizonte e intente descifrar por qué Mario Mendoza apesta tanto.

Flashback
Aunque desde hace dos siglos se viene utilizando el flashback en la literatura, sólo Jorge Franco utiliza esta “novedosa técnica” para construir novelas que ni como telenovelas funcionan y, desde ahora, la utiliza en un perfume que huele peor que el río Medellín. Sin mayores pretensiones, Flashback sólo tiene un olor: el de las hojas inservibles, tomadas de libros como Rosario Tijeras, Paraíso Travel y Melodrama. Aclaramos que, desde ya, RCN compró los derechos para utilizar este desagradable aroma. Ideal para ese tipo de hombre varonil que se depila las cejas y se encrespa las pestañas.

El olor dulzón del basuco
Cuando se habla de literatura urbana en Colombia es inevitable recordar esta descripción: “el olor dulzón del basuco”. Por eso, contratamos a Nahum Montt, el cadaver de Rafael Chaparro Madiedo y otros escritores irrelevantes –casi todos ellos ganadores de premios literarios sin importancia y asiduos asistentes a talleres literarios gratuitos– para que combinaran el olor a lana virgen de su ropa, un poco de incienso, algo de whisky barato y tienda cervecera y mucho de esa calle en la que, dicen, encuentran sus historias. Si usted quiere engañar a su familia y a sus amigos diciéndoles que es escritor, no dude en usar El olor dulzón del basuco, el perfume de moda entre los wannabes colombianos.

Putas aguas de mierda
Aunque al principio se resistió a participar en esta colección de productos de mercadeo, Fernando Vallejo accedió sin dudarlo cuando le dijimos que las regalías de su perfume iban a destinarse a salvar perros. Lo que no le aclaramos es que vamos a salvar perros calientes –principalmente púberes– de las fauces de los perros callejeros. De todas formas, esta fragancia es tan fastidiosa como leer al mejor escritor ex colombiano: mezcla de cianuro, raticida, ortiga y agua bendita, este veneno le garantiza a quien lo use que el 70% de sus palabras serán groserías y el 30% restante serán conectores de esas groserías.

Lujurioso
Santiago Gamboa presenta un aroma tan espeso como su pretenciosa narrativa. Con una mezcla de cremas contra el acné y esencias de la cultura china fabricadas en una oscura calle bogotana, Lujurioso –bautizado así en honor a uno de los párrafos más sexys de sus letras, cuando llamó así a su pretencioso pene–, no sólo lo hará ver más bello sino que lo convertirá en una bomba sexual irresistible y sangrienta: como en el párrafo de marras, los muslos de las mujeres se abrirán a su paso. Su aire de superioridad diplomática, además, lo llevará a ser el mejor escritor de la historia, así sus novelas sean cada vez peores.

Rancio
La fragancia de William Ospina combina los olores de cuando se abre un libro cerrado por siglos y cuando, al final del día, se desprende una cola de caballo hecha con el pelo mojado. Aunque huele a pecueca, este fragancia es ideal para el amante de párrafos farragosos, bufandas de lana virgen y un interés más bien repentino y wannabe por nuestra historia. Su resultado es el complemento perfecto del atractivo intelectual de ceño fruncido y cola de caballo rebelde a lo Lorenzo Lamas.

Para terminar, anunciamos que estamos trabajando en las fragancias de Jotamario Arbeláez (que no huele a nada), la de Jaime Espinal (hecha con esmalte para uñas y babas de Margarita Posada), la de Luz Mery Giraldo (que es chiviada y se consigue en las bibliotecas de las universidades), la de Juan David Correa (con la que todo pasa pronto, y no pasa nada) y la de Juan Álvarez (que tiene problemas de movilidad literaria).

Eso sí, aclaramos que no queremos saber a qué huele la de Plinio Apuleyo Mendoza.

viernes, 14 de enero de 2011

Nuestro regreso triunfal a las pararelas

Porque usted lo ha pedido, La Bobada Literaria vuelve a publicar sus blogobobadas. El 2011 será un año inolvidable: como sabemos que el mundo se acabará el próximo año, aprovecharemos para embriagarnos y perder el tiempo más que de costumbre. Pero como traemos acumulado el olor del guayabo de diciembre y los primeros días de enero, nuestros cerebros están más podridos que de costumbre y, con dificultad, hemos logrado decir unas cuantas sandeces en Twitter con nuestras 140 neuronas y seguimos intentando montar nuestro espectacular flan page en Facebook.

Por ahora, revelamos los resultados de nuestra encuesta de fin de año, en la que nos aventuramos a predecir las mayores bobadas de este 2011. 414 de nuestros bobos lectores hicieron escuchar su clic y concluyeron que @AlvaroUribeVel será galardonado como el tuitero del año. Clic. Algunos leyeron mal y pensaron que sería el mejor tetero del año, pero "quedaron mamando". Por su parte, el pueblo demuestra que sigue lleno de falso positivismo y cree que la popularidad de Juan Manuel Santos llegará al 99% y que el 1% restante lo conforman esos odiosos y apátridas falsos positivos. En un honrorroso tercer lugar, esperamos que la mayor bobada del año sea la elección de Uribito a la Alcaldía de Bogotá; si no logra este importante puesto, sabemos que Andrés Felipe Arias alcanzará algún ingreso seguro en el 2011.

Otros valiosos hechos, como la explosión de la otra teta de Laura Acuña, el libro de La Bobada Literaria –editado por Condorito– y el asilo de José Obdulio pasaron inadvertidos en esta importantísima y trascendental encuesta en la que votar nada cuesta. Mucho más abajo quedaron el Premio Nobel de Literatura para Santiago Gamboa, las nuevas crónicas del periodismo petardo y el grado de bachillerato por radio de Armando Benedetti.

Hoy, para empezar el año con pie derecho y corazón grande, decidimos hacer la primera encuesta seria de nuestra historia, a propósito de los altísimos niveles de prosperidad que se ven venir gracias a Juanma e inspirados en la credibilidad e imparcialidad de Gallup, Napoleón Franco, la Turma Virtual y El Tiempo. Responder a nuestras preguntas es tan fácil como siempre: arriba a la derecha, presionando su opción predilecta.

¿Qué tan popular le parece Juan Manuel Santos?
Mucho.
Casi tanto como la cheer leader de la prepa.
Muchísimo.
Más que Lady Gaga.

¿Usted tiene empleo?
Si pasarme el día en Twitter y gorrearles comida a mis papás es empleo, sí.
Si vender basura Made in China en un semáforo es empleo, sí.
Si ser cuentacobrista y esperar meses para que me paguen algo es empleo, sí.
Si ver Supercampeones por City TV es empleo, sí.

Con el 4% de aumento en su salario –si es que lo tiene, amigo cuentacobrista– ¿qué va a hacer?
Comprar carro nuevo para ayudar a estancar más el tráfico y decir que todo es culpa de Samu.
Irme de vacaciones a Coveñas con mis hijos uniandinos y constatar que ya no hay paras. Esos son ex paras.
Comprar toda la discografía de Silvestre Nalgond porque soy silvestrista.
Esperar que la cerveza no suba el 10% para poder emborracharme el resto del año.
Caminar, porque me saldrá muy caro montar en TransMilenio.