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viernes, 26 de noviembre de 2010

La bobada Retro: Santiago Gamboa otra vez (ahora xxx)

Hoy queremos volver al autor que dio origen a La bobada retro, una de las secciones predilectas de nuestro atento público. Se trata, obviamente, de Santiago Gamboa, nuestro principal aspirante al Nobel, a quien habíamos recordado en otra ocasión. Santi –como le decimos cariñosamente– se ha convertido en una de nuestras obsesiones, tanto que tenemos un afiche de su sensual cara en la puerta de nuestro baño. Por eso, y porque no tenemos trabajo y ya no sabemos qué más leer, decidimos adentrarnos en su obra, maravilladas por su pluma.

Y cuál sería nuestra sorpresa cuando, en nuestra lectura colectiva de El síndrome de Ulises, nos encontramos con ella, su pluma, haciendo una descripción de su pluma que nos hizo sonrojar, pero sólo porque ya habíamos vomitado lo suficiente por la fiesta de la noche anterior. Cajas de dientes y el hecho de llamarle "mi lujurioso" a su pito son hechos que sólo son superados en pretenciones por la verga de Efraim Medina, que reposa en nuestras mesas de noche.

De su descripción sexual, eso sí, nos desconcertó una redacción más propia de un libro de cocina o de una canción de salsa de alcoba –no en vano, uno de sus apodos más frecuentes es Eddie Santiago Gamboa–, sobre todo cuando "se abren los muslos" como si fueran unos de pollo en el mesón de una cocina y por llamar "hendidura" a la vagina, como si fuera un tajo hecho con un Ginzu 2000.

Sin más preámbulos, los dejamos con el pipí más lujurioso de la literatura colombiana:
Le di un abrazo y la besé con ternura. Luego se quitó la falda y los calzones, abrió los muslos y me mostró la hendidura, que era rosada, con sólo un pequeño triángulo de vello. Hecho esto, agarró a mi lujurioso y lo acercó a su entrepierna, acariciándose con él, y cuando encontró el orificio movió la cadera hacia adelante y lo hizo entrar. Así estuvimos un rato, moviéndonos en silencio (recuerden que Susi dormía) y diciendo cosas al oído, ella palabras en ruso, joroschó, tak y no sé qué más, y yo besándola, hasta que sentí algo muy extraño, como si una parte de sus encías se desprendiera, lo que me causó un gran sobresalto, ¿qué diablos pasa?, exclamé, y ella, avergonzada, se separó de mí y dijo, no te preocupes, tengo una prótesis dental, olvidé advertirte.
Y para cerrar, y no perder la costumbre, los dejamos también con una excitante encuesta que hará las delicias de miembros grandes y chicos:

¿Cómo le gusta más que llamen a la vagina en la literatura?
Hendidura.
Sexo.
Sexo húmedo.
Chocha.
Cueva de Efraím Medina.

¿Cómo le gusta más que llamen al pene en la literatura?
Lujurioso.
Miembro.
Verga.
Yamid Amat Junior.
Efraím Medina.

Y, ya que Carulla nos invita a celebrar el "Thanksgiving Day" como los gringos wannabes que somos, no queremos dejar este Black Friday pasar desapercibido:

¿Qué va a hacer usted en el Black Friday?
Comprar a los periodistas para que no vuelvan a hablar de los falsos positivos y me dejen ser Presidente en paz.
Buscar una rebaja de penas.
Ir de shopping a Panamá porque en Colombia no hay garantías jurídicas.
Crear una lista negra de mamertos peligrosos porque todo el que no esté en la ultraderecha es izquierdista (y peligroso).
Descontarle el 40% a los pagos de los contratistas.

Además, para que no digan que nunca proponemos nada, empezamos ya a buscarle asilo a nuestro ex presidente:

¿Dónde debe asilarse Uribe?
En el Asilo Arkham.
En Sudán, el único país con más desplazados que Colombia.
En Corea del Norte, para que hable de democracia con Kim Jong-il.
En Alcatraz.

martes, 14 de septiembre de 2010

La Bobada Retro: el rincón penumbroso de Rosario Tijeras

En La Bobada Literaria, como ya saben, nos gusta mirarnos atrás. Por eso hoy les traemos este delicioso fragmento que, aunque muchos creen de lo mejor que se ha escrito en Colombia, francamente es de lo peor. Como podrá notar el lector desprevenido que tenga la mala suerte de leerlo e identificar su estilo de poesía barata y repeticiones gratuitas, se trata de unas líneas de Jorge Franco, escritor con un talento inversamente proporcional al tamaño de sus cejas, que es perfecto para la mayoría de nuestros productores de cine y televisión, los periodistas de las noticias del estreñimiento y los jurados de los premios Tv y Novelas.

Con frases que pretenden irreverencia pero están pésimamente redactadas ("Con la displicencia que aprendieron sueltan su interrogatorio como si yo fuera el criminal y no ellos [los policías]"), el fragmento es una enorme incoherencia que va creciendo a medida que Antonio –un evidente alter ego del lego del autor– contesta a las preguntas que le acaban de hacer como si hubiera aprendido de memoria las respuestas a un examen. La inverosimilitud tiene su apogeo cuando este tremendo ñoñazo les dice a los policías –en un hospital de Medellín, en los años 90– que en lugar de preguntarle "carajadas" se vayan a buscar al verdadero culpable, tras lo que se da media vuelta sin recibir un solo bolillazo en la cabeza.

La edición de Norma de la que extraemos el fragmento, además, incluye en la contrasolapa la joya de que la novela está escrita "con la novedosa técnica del flashback", lo que nos da una perfecta idea de por qué el editor se dejó meter semejante gol: no sólo no conocía nada de la literatura colombiana o universal, sino que pensaba que las magdalenas de Proust debían ser el panecillo de una región francesa. Sin nada más que agregar que la dedicatoria del libro ("Para Catalina, alegre como su sonrisa, como sus ojos que me recuerdan los de Rosario"), los dejamos con esta bobada retro que todavía no nos deja cerrar las bocas:
Afuera había por lo menos una docena de tombos. Por un instante pensé que nos habían montado todo un operativo, como los de las buenas épocas en que me dio por acompañar a Emilio y a Rosario en sus locuras.
-No se asuste –me dijo la enfermera al verme la cara-. Los fines de semana hay más policías que médicos.
Me señaló a los que estaban encargados de nuestro caso: un par de oficiales opacos, como sus caras, como sus uniformes. Con la displicencia que aprendieron sueltan su interrogatorio como si yo fuera el criminal y no ellos. Que por qué la mató, con qué le disparó, quién era la muerta, qué parentesco o relación tenía conmigo, dónde estaba el arma asesina, dónde estaban mis cómplices, que si estaba borracho, que quedaba detenido, que los acompañara por sospechoso.
-Yo no he matado a nadie, tampoco he disparado, muerta no hay porque todavía está viva, se llama Rosario y es amiga mía, no tengo arma y mucho menos asesina, no tengo cómplices porque el que disparó fue otro, ya no estoy borracho porque
con el susto se me bajaron los tragos, y en lugar de estar preguntándome carajadas y buscando donde no es, deberían dedicarse a coger al que nos metió en esto –les dije.
Di media vuelta sin importarme lo que pudieran hacer. Me gritaron que no me fuera creyendo tan machito, que más tarde nos veríamos otra vez, y volví a mi rincón penumbroso, más cerca de ella.
-Rosario –no me cansaba de repetir-, Rosario.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La bobada retro: César López otra vez

Antes de empezar, queremos agradecer a todos los que estuvieron el sábado embriagándose con nosotras en los Billares Londres. A los que no fueron, también les damos las gracias porque no los hubiéramos podido atender: aunque no lo crean, el sitio se llenó, en parte gracias a otra fiesta y a los mochileros europeos que no saben que en Colombia el único riesgo es que te quieran matar. En fin, la fiesta fue una verdadera bobada: conocimos a algunos lectores incautos que querían ver qué tan sensuales somos las chicas que escribimos esto, el mismísimo 18.000 vino a interactuar con su versión enana –8.000– y obesas celebridades como Jaime Andrés Mansalva y Tomás Morales Nicholas se tomaron unos tragos con nosotras (ahora en colores psicodélicos).

El guayabo que tuvimos, por supuesto, fue tan terrible que lo único que se nos ocurrió fue hablar del único López más detestable que Andrés: César (compositor de la música de lo único peor que un cortometraje nacional en salas de Cine Colombia: un cortometraje nacional sobre un mimo que quiere adoptar un bebé). Y, ahora sí, a lo que vinimos:



Nuestra bobada retro de hoy es sobre una noticia que es de actualidad cada año: las lindas causas del tocanalgas César López con iniciativas pacíficas como la escopetarra, ese genial invento que no sirve ni para tocar ni para disparar pero sí para entrar a conciertos de artistas famosos. De hecho, César López es de actualidad hace tanto tiempo por el mismo tema que ya merece ser catalogado como retro.

Su consecuencia más actual es el lanzamiento de un proyecto en el que de nuevo la violencia es el tema para hacer arte conciente, incluyente y muy ente: un disco de nombre Toda bala es perdida, que ha sido reseñado por ejemplo aquí, en el que aparecen otros talentos perdidos del orden nacional como Andrés Cepeda, Fonseca, Andrea Echeverri y Superlitio.

Esta vez, y gracias a esta importante noticia, queremos recordar nuestra reacción al momento en el que, hace casi un año, César López y su escopetarra fueron noticia una vez más, como tantas otras veces y por la misma cosa. Sin más preámbulos, los dejamos con la orquesta del lindacausismo:

Armas la paz, paz, paz

En La Bobada Literaria queremos aportar nuestro granito de arenas betancourt a las lindas causas. Como siempre, todo lo hacemos ligados a la cultura. Por eso, y porque queremos salir en periódicos de por vida sin necesidad de hacer nada más, hemos querido unirnos al visionario César López y completar la orquesta que un día de inspiración, en un rictus de lucidez, empezó a conformar convirtiendo una escopeta en guitarra, sin saber que tocaría nuestros corazones bobos en días de desconciertos por la paz.

Ahora la genial escopetarra no será la única que entrará gratis a los conciertos de las figuras internacionales que vienen al país, ni la única en salir cinco veces por año en cada mediocre de comunicación, ni el único coco de las aerolíneas internacionales que no saben si embalarla como instrumento o como arma de idiotez masiva. Una granada convertida en maraca que se llamará Maracanada, unas minas antipersona convertidas en los Antipedales de la original Guitasierra ecléctrica, la Mar-AK 47 que será la maraca del Urabá, el Saxo terror, la Marimballesta y una flauta de proporciones nunca vistas, la Flautanque, completarán esta orquesta que será la envidia de Les Luthiers y otros luthiers y cuya base rítmica estará a cargo del bajo Baudó.

Para los que creyeron que la música pacífica consistía en señoras que se lamentan casi tanto como Jamón Thom Yorke o en afrocondescendientes que añoran el Bronx mientras viven en Chapinero, organizamos esta verdadera Orquesta por la Paz: para ver si por fin vuelven a invitar a tocar en vivo a otro de los López que quiso poner a pensar al país. César, el Terry Bozzio de Poligamia, pondrá a mover los esqueletos de todas las fosas comunes del mundo, recibiendo jugosos aportes de embajadas que no tienen en qué gastarse la plata y de vicepresidentes preocupados por las fosas nasales comunes.

Precisamente por eso es mejor que salga él sólo: a fin de cuentas, como toca hasta nalgas, podrá encargarse de todos los intrumentos.

martes, 10 de agosto de 2010

La Bobada Retro: La ciudad de los umbrales

A las miembras de La Bobada Literaria hace tiempo nos asalta una duda odontológica que no nos deja dormir y nos convirtió en unas ceñifruncidas, aunque a muchos parezca muy sencilla: ¿por qué Mario Mendoza vive compungido? Basta con mirar las fotos en las que sale con la mano en la barbilla, la mirada fija en un punto indefinido –que se ubicaría en el horizonte de no estar tapado por los edificios que rodean a un autor tan urbano– y un rictus que no puede deberse a otra cosa que al estreñimiento. Cansadas de no poder conciliar el sueño y de usar como remedio el vodka Ivanoff, nos pusimos en la tarea de averiguar más sobre este ensoñador personaje y, como es natural, no encontramos nada, pues no somos detectives salvajes.

Por suerte, un día en que no sabíamos con qué rellenar las páginas de este ridículo blog y ya se nos había acabado el rollo de papel higiénico doble página que compartimos con la horda de asesoras de un call center vecino, nos paró el portero de nuestro moderno edificio de aguardiente Cristal del Parque de la 93 con un sobre sellado que contenía un libro que lleva por subtítulo Un viaje a través de la clandestinidad de Bogotá. Como empezamos a darle uso de atrás para adelante, las tapas y las primeras páginas nos parecieron de lo más dicientes, así que se nos ocurrió poner al enano a transcribir las primeras líneas de un libro que empieza con un capítulo titulado “Circe y el italiano eufórico” y que tiene una genial foto del autor con boina y saco de lana.

En estas líneas está, creemos, la semilla de un autor que no ha debido germinar: su pasión por la ciudad, el cliché de lo urbano, la acumulación de palabras pretenciosas y vacías y la autodeclaración como el escritor de Bogotá, que inevitablemente debe destacar la sordidez inquietante de sus recovecos y hacer referencia de alguna forma a la prostitución y al olor dulzón del basuco. Y que, como empezamos a ver en esta sección con el caso de Santiago Gagamboa, recurre a la salida fácil de que el personaje sea un escritor al que todavía no le va bien. Lo mejor fue el autógrafo con el que nos envío su senda obra: "A ustedes, locas geniales, que viven la ciudad desde las entrañas". Con ustedes, las primeras palabras de La ciudad de los umbrales, la primera novela de un escritor que demuestra que se puede seguir escribiendo lo mismo durante dieciséis años, incluso corriendo el riesgo de ser premiado en Planeta:
Hace unos años escribí el siguiente párrafo con respecto a la ciudad, en un relato corto que terminó ingresando a la lista de fracasos literarios de los que se compone mi vida:
“Al fondo, allá abajo, la ciudad parpadeaba y comprendía. Bogotá, ciudad flamen entregada al culto de un dios desconocido… Bogotá, ciudad nictálope envenenada de sombras y tinieblas que convierten cada casa en un burdel, cada parque en un cementerio, cada ciudadano en un cadáver aferrado a la vida con desesperación… Bogotá, clítoris monstruoso que te desangras en las bienaventuranzas de tu extraño y promiscuo delirio… Bogotá, ciudad de vesánicos y mendigos destruidos por las caricias de un suplicio terebrante, horda de despojos humanos que son la promesa de una hecatombe… Bogotá, rostro de la infamia… Bogotá, sin escritores que te busquen y te inventen… Bogotá: yo tampoco puedo hacer nada por ti.”

jueves, 29 de julio de 2010

La bobada retro: los inicios de Santiago Gamboa

Como somos tan intelectuales, acostumbramos pasar el guayabo haciendo lecturas colectivas. Habiendo terminado El péndulo de Focault y Técnicas de masturbación entre Batman y Robin la semana pasada, buscamos entre nuestras más preciadas joyas y encontramos algo perfecto: un ejemplar autografiado de Vida feliz de un joven llamado Esteban, la segunda novela del genial Santiago Gamboa.

Al margen de que el autógrafo dijera "Para un bella dama, ávida de letras", nos sorprendió encontrarnos con que, en sus inicios, el escritor que hoy ilumina con su cutis las solapas de los libros más ganadores del país era igual de pretencioso que en la actualidad, cuando es capaz de escribir pésimas novelas con títulos como Necrópolis, todavía con la originalidad de que casi siempre el protagonista sea un escritor o alguien que, inocentemente, quiere serlo.

Esto, tal vez sumado al deseo de mitigar la nostalgia retro que nos dejó una noche de karaoke y música de plancha, nos llevó a considerar una genial idea: La bobada retro, la nueva sección de este ridículo blog.

Habíamos pensado llamarla La bobada recuerda, pero como la palabra "retro" está tan de moda no tuvimos de otra. Así que, sin más, inauguramos nuestra nueva sección recalcando que, en sus inicios, Santiago Gamboa era tan pretencioso como ahora sólo que aún no había pasado por el servicio diplomático colombiano. El siguiente es el primer párrafo de Vida feliz de un joven llamado Esteban*.
Me gano la vida escribiendo. Sobre todo informativos de radio y artículos de prensa, pero también novelas, pues así me dé vergüenza decirlo tengo aspiraciones literarias. Escribo todos los días, como leí que deben hacer los escritores, aún si la mayoría de las páginas que hago se van a la papelera y solo se salvan unas pocas, las que satisfacen a ese lector cruel que uno tiene adentro y que es el primero en destruir lo que el otro, el ingenuo trabajador, le ofrece a diario. Pero esto es pretencioso y prefiero ser claro: no vivo de las novelas que escribo -llevo dos- sino de los artículos de prensa y de la radio, que son otra forma de escribir y de vivir. la vida que me gano con ese trabajo alimenta al tímido y vulnerable escritor, incapaz de sostenerse con lo que hace, pero cuya existencia le da al otro una razón para salir de la cama todas las mañanas sin preguntarse para qué se levanta al fin y al cabo, en la noche, se va a volver a acostar.
* Aclaramos, antes de que el autor pelee por reproducir este párrafo, que en ningún momento hemos dicho que nos parece malo. Todo lo contrario, nos pareció tan bello y lírico que lo consideramos digno de una mención en estas pixeladas páginas.