jueves, 11 de noviembre de 2010

Embajadores de Colombia es Tamal


Logotipo de la campaña
Colombia es Tamal.
Por Bacteria.


Aunque no lo crean, en La Bobada Literaria estamos llenas de orgullo patrio. Vivir en Colombia es una experiencia única –pregúntenles a los secuestrados y a los falsos positivos si no– y es muy lindo que miles de guerrilleros, paramilitares, militares, policías y políticos hagan por este país lo que los otros cuarenta millones no podemos a pesar de nuestros esfuerzos cotidianos: hacerlo ver como un verdadero moridero. Tal vez por eso es que nos llenamos de orgullo cada vez que Édgar Rentería hace algo en ese deporte que nadie en el país entiende, cada vez que Shakira protagoniza un comercial en España, cada vez que Juanes se toma una foto con algún famoso de verdad o cada vez que Juan Pablo Montoya ocupa el puesto 47 en una carrera.

Como además estamos en la semana del reinado, aprovechamos el patrioterismo en que estamos sumidos –a pesar de que el país, en general, esté sumido en la miseria y el agua– e invitamos a María Claudia La Costura, ex directora de Colombia es Fachón, para que nos cuente quiénes deben ser considerados embajadores honorarios –principalmente para que cobren jugosos honorarios– de Colombia en el exterior. El requisito principal es que no sepan siquiera dónde queda Colombia; así, la cara linda de este albañal seguirá siendo la mentira de creer que somos el país más feliz del mundo.

Miguel Bobosé
El más famoso de los músicos colombianos obtuvo su ciudadanía apenas en 2009, pero desde antes había invertido tanto dinero en el mayor producto colombiano de exportación que su nariz merecía recibir las llaves de Medellín hace años, cuando se las sacaron del bolsillo a su antiguo patrón, precisamente en el tejado donde lo abalearon. Su mayor mérito para entrar a la lista de embajadores es su evidente falta de talento.

Anthony Burdel
Este chef colomboneoyorquino mostró en la televisión internacional que en este país nos comemos desde tortugas en vías de extinción hasta el Sagrado Corazón, siempre y cuando esté bien cocido. Por exponer cómo ha cambiado el país de los tiempos de Pablo Escobar a los tiempos en que los presentadores de Trouble & Living están asesorados por Colombia es Tamal, este borrachín cincuentón ha hecho más por el turismo nacional que los precios irrisorios de las drogas en territorio colombiano.

Julia Louis-Dreyfus
Haber encarnado a Elaine en Seinfeld o a la vieja Christine en The New Adventures of Old Christine son logros que palidecen frente al hecho de haber vivido en Colombia durante su infancia, así haya residido también en países tan remotos como Sri Lanka. Julia merece ser reconocida como la mejor actriz colombiana de todos los tiempos –por encima incluso de Alejandra Haz Karate–, pues ha demostrado en la pantalla que a sus colegas les hizo falta en la infancia una dieta a base de panela y ha dejado en alto el nombre de un país de comediantes como Juan Lozano.

Los paramilitares extraditados
Su cinismo a la hora de confesar crímenes atroces e innumerables masacres, sumado a la evidente impunidad con la que pasarán a la historia, demuestran que, en materia de hijueputas, a Colombia no hay quien le gane. Si logramos una alianza estratégica con Hollywood, los paramilitares podrán inspirar películas tan sangrientas y escandalosas que harían vomitar a Tarantino y al equipo de la saga de Saw. Así pondremos al mundo a hablar de Colombia.

Ricardo Arjona
En materia de cursilería los colombianos dividen sus gustos entre Joaquín Sabina y Ricardo Arjona, pero sólo este último es capaz de conmover los corazones de secretarias y choferes de bus por igual. Cuando lo invitamos a formar parte de este selecto grupo, la única exigencia que le hicimos fue que, si tuvo el coraje de componerle una canción a la menstruación ¿por qué no una a Colombia?

Aura Cretina Geithner
Esta mexicana es tan mala actriz que aún en México parece sobreactuada. Por eso, y porque acá no nos cansamos de las lobas, Aura es la verdadera gata con bótox. Su misión como embajadora de Colombia es Tamal será dejar en claro que no todas las colombianas son Sofía Vergara, pero que todas las que triunfan por fuera del país están destinadas a vestirse y comportarse como pelanduscas.

George W. Bush
Este ex presidente de Estados Unidos –y, por lo tanto, de Colombia– fue tan mal gobernante que parece colombiano, pero ya que no es colombiano decidimos darle la nacionalidad. Guerras sin sentido, frases incoherentes, despotismo y desdén por la gente son un legado que parece calcado de los dirigentes nacionales, que, aunque lo sobrepasan en maldad, son tan irrelevantes que el mundo nunca se entera de su existencia.

César López
Lo bueno de que las drogas sean tan baratas en Colombia es que es muy fácil quemar las neuronas y convertirse en un genio de la música contemporánea, en la que lo último que se necesita es saber hacer música. Como tocar nalgas hizo dudar de las tendencias sexuales de César López, el ex Poligamia decidió recurrir a una varonil escopeta para dispararle al mundo su pésima música pero, principalmente, para colarse a todos los conciertos y tomarse fotos con músicos que no saben cuál es la diferencia entre Colombia y Columbia. Incluso, ellos creen que con eso de las escopetarras este país debería llamarse Culombia. Su fusilada escopeta musical es y seguirá siendo una gran embajadora de Colombia es Tamal.

Los Nule
Tres integrantes de una reputada familia italocosteña serán los encargados de demostrarle al mundo que esta patria boba no se reduce al tráfico de drogas y a una guerra civil de dos siglos. Acá también se roban la plata con una facilidad y un descaro dignos de conferencias, libros y cursos instructivos para truhanes internacionales. Estábamos cuadrando todo para que los Nule hicieran un cameo en un capítulo de Los Simpson junto al Alcalde Diamante pero, desde que Fox les giró un jugoso cheque por unos cientos de miles de dólares como adelanto, no nos han vuelto a contestar el teléfono ni los correos. Colombia, el riesgo era que los Nule se hubieran querido quedar.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Mundo al Bobo: hoy, Daniel Petardo desde Buenos Aires

Lo único que nos faltaba para hacer de esta publicación lo más bobo del panorama editorial colombiano era cambiar la c en nuestro nombre por una k, pero como en La Bobada Literaria nos falta la c, decidimos recurrir a la segunda idea más boba que puede tener una publicación: contratar a un escritor para que nos mande periódicamente escritos de sus viajes. Barajamos varias opciones y, a pesar de la insistencia de Juan Pablo Meenheces –que quería alojarse por nuestra cuenta en cuanto Hotel España encontrara–, escogimos para esta tarea al periodista hipster Daniel Petardo, viajero empedernido y poseedor de una pluma que fluye gracias a las puertas que le abren otros Petardos, famosos en los medios y la política en Colombia.
En su debut, escogió hablar de Buenos Aires, el nuevo Melgar de los colombianos con más de cuatro pesos en la cuenta bancaria y el sueño de todo intelectualoide que prefiere pagarle a un instituto de garaje en Argentina para que le enseñen lo mismo que puede leer gratis en Wikipedia. Su crónica sabemos que empezará un nuevo movimiento histórico, tan trascendental como el periodismo portátil, bautizado el periodismo petardo. Disfruten esta delicia:
Mi Buenos Aires, querido

Moderno automóvil bonaerense modelo 2009, propiedad de Charly García.

Cuando llego a la pista del aeropuerto Pistarini soy el primero en aplaudir al piloto por el aterrizaje. Otro grupo de colombianos se une al alboroto y puedo oír que uno chifla con entusiasmo. Me han hablado maravillas de Buenos Aires: que se respira cultura, que se parece a París, que las mujeres son las más lindas de América Latina. Con esto en mente, me subo al taxi y le pregunto al conductor cuál es su escritor argentino favorito. Como todos aquí son tan cultos, me pregunta, capcioso, que cuáles hay. Le cuento de Borges, de Cortázar, de Arlt, de Aira, y me pregunta en qué equipos juegan. Le digo que en la fantasía y en “las novelitas intelectuales”, para seguirle el juego, hasta que me baja del taxi sin explicación junto al río de La Plata, un hermoso y ancho fluír de aguas oscuras, con un olor tan fino que explica por qué inspiró las canciones de Sosa Stereo.
Camino. Buenos Aires, me dijeron varios amigos que estuvieron seis meses o un año aquí estudiando Pedantería y Esnobismo, es una ciudad muy grata para caminar, así que emprendo el camino e inmediatamente empiezo a percibir el parecido con París: cada tres pasos piso mierda de perro y toda la ciudad apesta. Un ciudadano común y corriente, de ojos verdes y con rayitos, como cualquier otro argentino de las descripciones de mis amigas, se me acerca sonriendo. Le sonrío y me saca un cuchillo. Pienso que me quiere invitar a uno de los famosos asados argentinos, pero pronto veo que lo sacó con el fin de hacerse con mi maleta. Con ella a la espalda, emprende la huida saltando sobre la mierda de perro.
Horas después llego al centro de la ciudad y empiezo a caminar por Florida. Busco un hostal que pueda pagar con la plata que me quedó en el canguro y los pesos que todavía tengo en la cuenta que me abrió mi papá para poder viajar. Respiro hondo, y el aire me sabe a cultura, que huele como a frito. Librerías cada dos cuadras y gente en la calle bailando tango: inmersos en la tradición arrabalera de esta sensual música, veo a dos guapos argentinos en un baile que termina con uno de ellos en el suelo, sangrando. Le doy una moneda al que se mantiene en pie, y sale corriendo por la calle esquivando la mierda de perro. Su amigo mantiene el teatro. Lo aplaudo.
Por fin llego a un hostal. La mujer que me atiende seguro está impostando su acento porque no se parece a Cecilia Bonelli ni a las actrices de Verano eterno. Debe ser emigrada de Chile, país zafio y hogar de dictadores genocidas, tan distinto a la gran Argentina. Miro mi cuarto, tiro mi saco sobre el camarote para asegurar una cama, y salgo a comprar una Quilmes. Debe estar dañada porque sabe a cerveza aguada. Igual, la sed me obliga a tomármela casi de un sorbo y me abro paso hacia Recoleta. Veo los puestos de los hippies argentinos –que están todos recoletos– y las pulgas deciden hacer mercado en mi cuerpo. Rascándome, me dirijo al cementerio a visitar muertos. Encuentro la tumba de Eva Perón y pienso en Madonna. Veo más hippies esnifando un polvo y pienso en Maradona. Busco la tumba de Bioy Casares sin éxito. Me echo a dormir al sol.
Cuando despierto es de noche y rebuznan azules los asnos a lo lejos. El cementerio está vacío, salvo por un viejo con bastón que parece buscar en la oscuridad con ojos improbables. Me acerco y le pregunto si quiere que lo ayude a salir del lugar. Me dice en un español apenas inteligible que no, que está visitando a unos amigos. Le doy una moneda y me doy media vuelta; cuando me dispongo a salir veo que está sentado junto a la tumba de una Victoria Ocampo. Pendejo.
El cementerio está cerrado, así que salto al otro lado. Es hora de comer. Paro un taxi y le pido que me lleve a Puerto Madero. Comer en esta zona es baratísimo, aunque cobran la silla, el mantel, los cubiertos y un pedazo de carne –exquisita, como todo en este país– me sale por apenas 60 pesos. Menos mal no me robaron la tarjeta de crédito.
Regreso al hostal. Como no se hospedan argentinos acá, mi saco sigue en el camarote, pero al lado hay un israelí que huele a gorila y ronca como un oso. Como no puedo dormir, y ya dormí bastante en el cementerio, me voy a un boliche, pero resulta que no juegan a los bolos sino que apenas toman cerveza. Todos los colombianos dicen que la rumba acá es la verga; y, claro, está llena de colombianos. Mi primer día acá parece terminar en cualquier chuzo bogotano. Con todo y chuzo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La ciudad desolada, el concurso

Gabriel Ruiz-Navarro, el escritor descubierto en estas páginas gracias a su primera ópera prima, Sin dirección, sigue sorprendiéndonos. Ahora se convierte en la voz de una generación que ha visto la degeneración de su ciudad a manos de la peor generación de políticos colombianos de los últimos años. Con sus Haikus de desolación de la serie "Y yo", el autor por fin se aventura a mostrar los resultados de su exploración del profundo arte de los haikus, que aprendió durante su viaje por el Japón de la mano del maestro En Sun Chö.

Publicados en su blog de Hoja Blanca –el único portal que ha sabido reconocer su indiscutible talento para decir estupideces, y no porque lo maneje su parienta más célebre–, los reproducimos a continuación y los ampliamos con una ambiciosa intención: convocar el Primer concurso de Haikus de desolación urbana "La ciudad desolada", en el que cualquiera de ustedes podrá manifestar su desazón ante la situación que embarga a la ciudad. A continuación, el propio Ruiz-Navarro lo explica.

Desolación urbana

¿Qué pensarán de nosotros en Japón pon? Yo no sé, pero a veces me atrevo a pensarnos a nosotros en japonés. Por eso, y ante la coyuntura de una ciudad descoyunturada, les presento el fruto de horas de pensamiento frente a la ventana de mi apartamento en el Centro Internacional. Estos son algunos de los haikus de la serie "Y yo", que le dan voz a todos los que sienten la misma desolación urbana que yo, la misma impotencia ante nuestra ciudad destruida por una administración cataclísmica y las mismas ansias de desahogo que pasan por la rabia, el humor nasal y todas las emociones.

Las calles rotas,
el cielo gris
y yo aquí.

Los carros como apagados,
los conductores abotagados
y yo trancado.

El tiempo pasa,
y pasa y pasa
y yo tan lento.


Que la culpa es del uno,
que la culpa es del otro
pero en el trancón estoy yo.


Te llevo este
largo y gran cuchillo
para bandidos.


El culpable es él,
¿Quién es él?
Samu El.


Un hueco o dos
cojo con mi carro hoy
un hueco o dos.

Nule se rasca la barriga en el Mediterráneo,
Samu se rasca la cabeza,
¿y yo qué me rasco?


Y para completar
esta incompleta ciudad
la gripa.


Los obreros descansan
Los quejetas no descansan
Y a mí todos me cansan

En taxi no llego
En Transmi no llego
Con la Gata sí llego


Los de La U dan la U
Los del Polo se van a otro polo
Y yo voté por La W.


En Bogotá yo
vivo muy intranquilo
buses de ruido.


Ya lo saben, bobos lectores, envíen su haikú de desolación urbana a nuestro impredecible correo electrónico o, mejor, déjenlo como comentario. El mejor haiku será el ganador de un libro del mismísimo maestro En Sun Chö pero, sobre todo, nos ayudará a construir esta cartografía del desencanto bogotano.