martes, 11 de mayo de 2010

La misma orilla

En La Bobada Literaria no podíamos dejar de comentar la iniciativa más ñoña de este semestre después del Festival de la Palabra del Instituto Caño y Cuervo: se trata de “Ñoños a la obra”, un programa de la Biblioteca Nacional en el que los jóvenes escritores se sientan a conversar con escritores ya consagrados y comprueban cuánto ha cambiado el español entre las dos generaciones, en unas charlas creativamente tituladas “Desde dos orillas”.

La inauguración estuvo a cargo de Piedad Dubonnett –recientemente eliminada del Desafío Literario– y Andrés Felipe Solano –tan desconocido que ni siquiera merece entrar al Desafío Literario–, dos de los más aburridos representantes de las más aburridas generaciones: la que empezó a publicar en los años ochenta con ínfulas poéticas y los que hacen parte del último bombombum editorial de jóvenes pro-mensas. Y si algo quedó claro es que el diálogo –algo que vaya más allá de la lectura ocasional, de las charlas de café y de los abrazos y felicitaciones de los lanzamientos–, es imposible pues se trata de escritores narcisistas –y, en este caso, además, culifruncidos– que a duras penas oyeron al otro por andar puliendo el marco de sus gafas.

En la charla se trataron de tratar temas tan diversos como los gustos literarios, la crítica y la prensa, la industria y las percepciones que tienen las generaciones entre sí, pero fue imposible lograr que los autores hablaran de otra cosa que no fuera de su propia obra. El resultado: una conversación en la que había varios en el público completamente dormidos.
El primero se durmió cuando dijeron que se leen entre ellos. Sea por las razones que sea, este es el punto de partida de toda tertulia –“por respeto al otro, para estar informados o por simple mala leche, para hablar mal de los demás”, como dice Nanook Montt, a quien mostramos ya antes sacándole la mala leche a una escultura de Botero–. Más aún, los jóvenes han leído a los mayores y, al contrario de su aparente desdén, lo han hecho con aburrimiento. De Piedad Dubonnett destacan su cuidado con el lenguaje: “la musicalidad de sus frases, la fluidez de sus imágenes, lo soporífero de sus historias”, en palabras de Nanook.

Tomás González fue lectura “fundamental”, como dijo Solano en la charla, para descubrir que era mejor leer a los extranjeros; Juan Carlos Rodríguez, autor de El viento agitando las cortinas, una de las sorpresas del 2008 –se le dice sorpresa porque, como no vendió nada, ahora la dan de sorpresa en las primeras comuniones–, lo llama “una revelación”; y para Antonio Ungar, González, Fernando Vallejo y Evelio Rosero son los escritores de cabecera de la anterior generación, no de la suya. Y la lista sigue: nombres tan jartos como Roberto Burgos, Héctor Abad, William Ospina y Ramón Cote entran, pero con vaselina.

Los mayores también han leído a los más jóvenes, aunque con mayor pereza: Bonnett dice que ha encontrado ta lentos como Ungar, Mauricio Bernal y Solano entre los más jóvenes, escritores marginales, como los llama ella, a los que llega de manera intuitiva, generalmente cuando le mandan los libros a la casa y le toca escribir algún elogio para la solapa sin leerlos. Burgos parece más escéptico: “Tengo la sospecha de que la época de las promesas quedó atrás. Ahora hay aventuras y procesos. Los libros que reseñaba en Cromos solían ser de supermercado y yo sólo publicaba el comunicaldo de prensa”, y resalta el riesgo narrativo que tomó Juan David Correa en Todo pasa pronto, su primera novela, al escribir un libro tan malo.

“A mí lo que me impide hablar a esos muchachos es el manejo pobre de las formas narrativas, ¿sí?” dice Bonnett pronunciando algo parecido a una tz en lugar de la ch. “No es un problema exclusivo de ellos. Creo que hay en general mucha pobreza de lenguaje y de elementos narrativos desde que a los colombianos nos dio por escribir”. Y el problema, ciertamente, no es exclusivo de ellos. A muchos escritores jóvenes sí les preocupa el lenguaje. En libros como Sálvame, Joe Louis, de Andrés Felipe Solano, es evidente: “Pero eso no significa que haya que hacer algo edulcorado”, dijo él sin siquiera saber el significado de la palabra “edulcorado”.

Para ese momento, más de la mitad del auditorio –atestado con siete espectadores– estaba roncando. Los demás estaban jugando en el celular. Pero todavía faltaban frases inolvidables para quien quiera que sea el desocupado que se tomó la molestia de grabar esa apasionante charla: Ungar, que tomaba apuntes en primera fila, dijo que “algunos escritores caían en la banalidad y otros no”, Dubonnett dijo que “hace 25 años publicar no era una cosa fácil en Colombia, los que publicaron lo hicieron porque estaban en Barcelona, como las de La Bobada Literaria” y, con algo de resentimiento, complementó que “los escritores se empiezan a convertir en pequeñas estrellas por el aparato comercial, aunque generalmente resultan estrelladas”; al final, Julio Paredes dijo que “lo más interesante está en ver en estos autores una búsqueda por consolidar una obra personal a largo plazo”, frase que causó una carcajada generalizada y dio por terminada la charla.

Lejos de las diferencias generacionales, de los prejuicios, de las envidias y las vanidades, la discusión es necesaria: ¿para qué carajos se hacen este tipo de eventos?

11 comentarios:

  1. ¡Pero qué flor de ñoñazas! ¿No sólo se han leido toda la descartable literatura nacional, sino que además ahora asisten a conferencias? ¡Carambas, consíganse un novio!

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  2. catalinaporquédiablos11 de mayo de 2010, 9:56

    Sí, esta vez se pasaron de ñoñas. Son tan ñoñas que parecen de La movida. Qué pereza.

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  3. Recuerdo que cuando leí los libros de GABO, solo hablaba de el, porque no tenia de que mas hablar.

    Lean otros libros mis niñas queridas, mira empiecen por la colección de oveja negra, esa con la que se las picaban de literatas en el colegio.

    Lean cositas así, que les desarrolle más la creatividad ve!, es que eso de echarle limón a una conferencia tan aburrida solo para que tenga el sello de las bobas, que bobada ois!

    tres tristes bobas, tragaban trigo en un triste plato llamado soho jajaja

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  4. Compiten por cuál tiene el marco de las gafas más gruesas.

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  5. Desgraciadamente tengo que adherirme a los anteriores comentarios, dado que aún habiéndome declarado un acérrimo lector boboliteresco, he de aceptar que desde que están soho-linkeadas, han pasado a ser mas ñoñas que de costumbre. Habrá que leer mucho y conocer a muchos escritorzuelos (as) para entender un poco ese humor tan esnob.

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  6. Unos nos dicen esnobs por hablar de escritores desconocidos y otros nos piden que hablemos de escritores aún más desconocidos, ¿a quiénes les hacemos caso? Recibimos ideas y subgerencias –con especial cariño, lo último–.

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  7. Yo digo que hablen de la pelea entre Juan Pablo Plata y Sebastian Pineda, no porque la pelea sea interesante sino porque es boba. Como ustedes. Y pues ya que nadie habla de estos dos mucharejos

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  8. ...cada vez que leo u oigo juntas las palabras; orilla, literatos, festival de la palabra....me dan ganas, cual mísero Adán, de arrancarme una costilla y...autofelarme sin preliminares...
    ¿lo de snob, es lo de surfear la nieve?
    ¿SoHo sé que no sé nada?
    ¿es normal que vea insectos monstruosos por todas partes?

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  9. Acabo de enterarme, por una fuente que pidió reserva de su nombre, que el portal de La Bobada va a ser nominada a los premios "Lo lobo nuestro" del 2010. Felicitaciones. En hora buena!!!

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  10. Juan David Correa
    Es una loca alborotada que le dio por escribir un libro (novela) en donde lo unico rescatable es la sodomizacion a la que fue sometido por su tio abuelo sobre las escaleras de la casa de su abuela Carlota (gerente de un prostibulo muy frecuentado por los saurios politicos de la epoca cerca al parque Nacional) Que novelitas como esas se publioquen en colombia y se las publicite como lo mas atrevido y vanguardista de las ultimas decadas o como viajes al seno de las complejas contradiciones de familias chapinerunas del fin de siglo es una afrenta contra la inteligencia y buena fe de los lectores colombianos.
    Esa Maricona y su revista ARCADAS dan Grima...Muchachas de la movida creo que es hora de eliminarla de las paginas de vuestra prestigiosa revista. Las plumas de avestrus que ustedes ostentan con gracia de cabareteras y cocotes portuarias, no merecen ser gastadas en tan pateticos escritorzuelos de la farandula cundiboyacense.
    Un abrazo y las espero por el club. Eso lleven el carne actualizado.

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