viernes, 21 de enero de 2011

El futuro de Colombia

Pasó la tercera semana de bobadas en Colombia y la primera en este blog y nos acercamos un poco más al fin del mundo. Si no por tiempo, al menos por los resultados de nuestras encuestas, en las que Santos también demuestra su in mensa celebridad con un 95% de nuestros lectores manifestando que creen que es más popular que Lady Gaga o, al menos, más popular que la cheerleader de la prepa. El otro 5% está seguro de que su popularidad es muchísima o mucha. Pero no todo son malas noticias, a pesar de nuestro presidente pop, pues el 100% de nuestros lectores tienen empleos muy bien remunerados –de ahí que puedan leer este costoso blog–. La mayoría de ellos, como nos lo hicieron saber, consideran empleo pasarse el día en Twitter y gorrearle comida a sus papás. Como todos trabajan tanto, nos hicieron saber, además, en qué van a gastar su saludable 4% de aumento en el salario –saludable porque el 31% de ellos va a empezar a caminar porque el pasaje de TransMilenio está muy caro–: el 42% lo va a gastar en cerveza para emborracharse el resto del año y así, creemos, darle empleo al otro 58%. Así, empezamos un año llenas de falso positivismo.

Por ahora, los dejamos con una nueva encuesta con temas de suma importancia para el futuro de Colombia: los taxistas, la separación de Shakira y la verdadera bobada literaria, el Hay Festival.

Los taxistas no son malos, en realidad:
pertenecen a una raza superior. Como los nazis.
son tan inteligentes y buenas personas que no necesitan cumplir las normas de tránsito ni de convivencia.
el malo es Samuel Moreno.
aprendieron de Álvaro Uribe Vélez el respeto por los demás.
la gente se merece que le den varillazos por subirse a un taxi.

La separación de Shakira es:
un complot para desmentir la homosexualidad de Piqué.
la excusa para que los de la Rúa vuelvan a Argentina a seguir robando.
la estrategia para que Shakira se lleve todos los Grammys este año.
una cortina de humo para que nadie hable de los ex paras.
el inicio de un tórrido romance entre Juanes y Shakira del que nacerá el Anticristo.

¿Qué va a ser lo mejor del Hay Festival?
Que Cartagena se va a llenar de gente linda otra vez durante el fin de semana.
Las charlas sobre farándula en los restaurantes de Juan del Mal.
Que los invitados internacionales podrán conocer de primera mano, y a precio de Big Mac, la verdadera inspiración de Colombia.
El cubrimiento de RCN, preguntándole a los escritores sobre el diluvio con los barrios que se inundaron al fondo.
Que, aunque nadie lea libros en Colombia, nos sentiremos el epicentro de la cultura mundial.

miércoles, 19 de enero de 2011

¿Usted qué propone? Hoy, los taxistas

Mientras intentamos darle la vuelta a la manzana el 31 de diciembre –vuelta que terminamos el 2 de enero, a causa de los trancones–, hicimos un propósito para el nuevo año: vamos a cambiar, a ser más positivas. Especialmente porque estamos cansadas de los comentaristas que nos reclaman por pasarnos el día criticando y no proponer nada. Por eso, y porque nuestro propósito este año es proponer, decidimos proponer una nueva y novedosa sección de nuestro blog: “¿Usted qué propone?” propone convertirse en el referente obligado de los políticos colombianos que, abrumados por la popularidad del 108% de Juan Manuel Santos –según la última y confiable encuesta de El Tiempo–, tendrán que recurrir a nuestras propuestas para convencer a los exigentes votantes colombianos. Sin más preámbulos, hoy presentamos la primera propuesta para hacer de este un mejor mundo:

Deje de quejarse de los taxistas

Los taxistas colombianos están en el podio de las personas que mejor representan a este país: patanes, abusivos, violentos, irrespetuosos y arrogantes, los integrantes de este gremio de transportadores se distinguen por su absoluto desconocimiento de las normas de tránsito, su nulo civismo y su homicida indiferencia por la vida ajena –de sus pasajeros, de los transeúntes, de los motociclistas e, incluso, de otros taxistas–. Por eso, hoy La Bobada Literaria quiere proponer que los ciudadanos hagamos algo para que los taxistas dejen de ser así:

1. Al subirse a un taxi, dígale al conductor “quiero llegar vivo a (la dirección a la que se dirija)”.
2. Adviértale, también, que por cada infracción de tránsito que cometa le descontará mil pesos del pago final. Si el gentil chofer no está de acuerdo –cosa muy poco probable–, bájese antes de que lo encienda a cruceta o llame a algunos de sus amiguitos con cruceta. Si está de acuerdo y usted logra llegar con vida a su destino, esta práctica le garantizará que el taxista le estará debiendo lo suficiente para la cuota inicial de un apartamento en el Chicó.
3. Si ya es demasiado tarde para bajarse, hágale el reclamo (y recuérdele que son mil pesos menos) cada vez que el taxista pite porque el semáforo pasó de rojo a amarillo, cada vez que se cambie de carril como si la vía siempre fuera suya y, sobre todo, cada vez que le dé el paso a un carro de escoltas pero no se lo dé a una ambulancia. Recuerde que los escoltas son los hijos bastardos de los taxistas y los policías.
4. Si resulta conversador, asegúrese de asentir ante todo lo que le diga y de hablarle de mujeres que están buenísimas.
5. Si usted es un conductor y es víctima de un taxista, asegúrese de llevar un bate de beisbol en el baúl y sacarlo apenas se baje del carro. Esta última propuesta, además, la queremos complementar con un servicio de radioteléfono para conductores de automóviles privados: cada vez que un taxista le haga algo, comuníquese a la central y cáigale en manada al taxista.
6. No olvide tener monedas de $500 siempre en el bolsillo. Pueden servirle para tirárselas a un vidrio –y, con suerte, rompérselo– o para pagarle la redondeada y salvarse de una paliza.

El mundo al bobo: Petard Evan-Chutes en Cartagena

Tras el éxito arrullador que tuvieron las crónicas del periodismo petardo publicadas en este blog a finales del año pasado, uno de nuestros incontables lectores en Harvard, amante del mercado colombiano en el exterior, decidió sumarse al naciente género periodístico y escribir sobre sus aventuras en el país con más necrodiversidad del mundo. Feliz porque aunque no le pagamos puede probar la exquisitez de los famosos productos de consumo made in Colombia, este etnobotánico nos presenta su primera entrega de lo que él bobotánicamente denomina “periodismae petardus”. Su nombre pasará a la historia, especialmente por su basto (con b de baboso) dominio del español. Antes de pasar por el corrector de estilo, les presentamos a Petard Evan-Chutes.

No le peguè ala negra
¿Venecia? No, Cartagena. ¿El mar? Sí, un poco sucio.

A Colombia llegó por Cartagena. Mis amigos que conocían a este país psicotropical me había dicho que pasar por esta ciudad era como caminar por la puerta principal de la percepción, y la intención de mi visita era lo que yo dije con un guiño a la policía de inmigración cuando le preguntó la razón de mi viaje: comprobar la calidad de las hierbas ancestrales de Colombia.

Las playas de Cartagena son un verdadero paraíso: las mujeres te hacen masajes y le dará un sabor del día además de la cogida, cada hombre que dijo vender ostras, gafas de sol o jugo de naranja, en realidad venden medicamentos a precios que asustan a Keith Richards. La ciudad amurallada está llena de casas antiguas y tiene un centro de servicio de transporte, a caballo, porque no ha llegado todavía la modernización y sigue siendo una ciudad de edad. Por lo tanto, todavía huele a caca de caballo. Balcones con gotas marcan el ritmo del día, y mientras tanto, la torre del reloj es la venta de dulces de ancianas que puederían matar a un diabético en el acto.

Cartagena, más allá de los muros para defenderla de los piratas parece otra ciudad: las casas de latas no paran de mantenerse sobre el agua y no hay gentes bien vestidas (de hecho la mayoría no usan ropa), ves muchos autobuses, pero las mujeres prefieren dormir en la calle con sus bebés en lugar de en una cama o un hotel. Ya no se parece a Disneyland. Por lo tanto, no es adecuado parar fuera de las murallas de la ciudad, y si lo hace, usted debe ir a la playa, donde las picaduras de cangrejo sustituye por la jeringa que dan a la ciudad su apodo: "La Heroina".

La noche se enfrió a Cartagena con una brisa salada que llega a las calles de herradura. Uno de los atractivos de la ciudad son los restaurants, así que voy dentro de un recomendado en Lonely Planet, propiedad del señor Juan del Mal, que es famoso por caminar desnudo. Como antes he comprado polvo blanco en la playa por el precio de un Big Mac, no tengo mucha hambre, pero he querido ir a probar esta comida del Caribe. Puedo pedir un cóctel de camarones que me traen en unas galletas y una cerveza fría, que aquí se le dice "el clima". Quiero un lugar más auténtico, donde la gente no se crean en la Riviera, aquí ni siquiera entran los negros. No es suficiente por hoy, pero pido la cuenta y cuando lo traen, me preguntaba si se puede lavar los platos y el camarero se ríe, esto es más caro que comer en un desayuno en Tiffany's. Me veo obligado a deshacerme de mi presupuesto para una semana y creo que será más fácil para sobrevivir sólo con polvo blanco, que es el único que tengo el dinero suficiente para traer. Ahora empiezo a entender por qué las gentes están tan delgadas en Cartagena.


La necrodiversidad en Cartagena llega hasta sus playas, donde las aves de carroña anidan y se alimentan libremente junto a los bañistas.

Camino por la ciudad amurallada en busca de la tradición cultural de la costa colombiana. Escucho un concierto de música clásica en una plaza y hay sólo diez mujeres bien vestidos viendo. Hay más gente en el Hard Rock Café escuchando U2. A su lado, un hombre me dice que me iba a enseñar la cultura de la costa, que lo acompañara a una fiesta donde se aprende mucho vallenato bebiendo ron y aguardiente y cantando y tocando el acordeón y los huevos. Tocar huevos dicen que es un hábito, me gustaba si lo hicieron las mujeres, pero sólo los hombres lo hacen. Vine a una fiesta en la muralla, y allí, detrás de una esquina, era la chica que me miró a los ojos y me hizo un saludo con la mano.

Cuando yo ya estaba borracho, la chica llegó, ella me besó de una forma para que mi amigo dijo: "andeneado" y me llevó a un lugar que parecía un bar, pero que era en realidad chicas medio desnudas. Me hicieron pagar 25 dólares y me llevaron a una habitación que estaba casi descarrilado el colchón de la cama de resortes. Comenzó a desnudarse y luego se reveló que no era la chica, pero el chico. Yo le dije que no me gustan esas cosas, y miró a mí y quería que me golpeaba con una botella. Me defendí y tiré el ventilador. Luego vinieron dos grandes negros, me agarró y me tiró a la calle por la puerta.
Esa no es la puerta de la percepción. Dijeron que pagara el abanico pero yo no rompí ningún abanico. La policía llegó y todas las chicas salieron a darles la bienvenida como si fueran sus novios. Me trataron muy bien, pero me llevó a la cárcel por no tener más dinero en el bolsillo para el chico/chica y el abanico.

Después de pasar la noche en una pequeña habitación con el olor de la orina con mis tres primeros amigos colombianos (todos negros) en una prisión húmeda y caliente, me fui a caminar de nuevo. Dejé a mis amigos mi reloj y una playera de Acapulco, apenas tenía mis zapatos viejos. Lo cual está bien, porque les tengo real cariño a los zapatos viejos. Tuve suerte porque hay tantos americanos en Cartagena que me ayudaron con algo de dinero para comprar ropa y continuar mi viaje. En una noche pasé más de lo que he pasado en mis dos años en Harvard. Además, uno de los estadounidenses que me ayudó a pagar la noche en el hostel trabaja como producer de un programa de televisión para un canal llamado Baba de Caracol.
Una chica me dice que soy el nuevo Pirry, pero no le entiendo, seguro está relacionado con el abanico. A partir de ahora yo soy el presentador y sólo tengo que hablar mal español y decir que todo está bien en Colombia: no hay robo, la guerra ha terminado, hacen deportes extremos, no venden drogas, todos bailan y cantan bonito, la modernidad ha llegado con el amable patrocinio de un banco. Es que no quiero salir de este país, diciendo lo que el anuncio en el aeropuerto: Colombia, el riesgo es que te quieras quedar.

Uno de los motivos por los que Cartagena fue escogida como sede del Hay Festival es que en la Heroica hasta el arte se confunde con la basura. Del mismo modo en el sentido contrario.