Mostrando entradas con la etiqueta Juan David Correa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan David Correa. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de octubre de 2009

Desafío Literario. Capítulo 5: Una imagen vale más que mil páginas

Mientras los escritores aprenden a escribir, el Desafío continúa desafiando el verdadero talento literario. Después de probar la fotogenialidad y las aptitudes para lanzamiento de libros, los retamos a escoger las portadas más inmundas, acordes con la calidad de sus obras literarias. Sabemos que todos son muy cultos y llevan a un artista de pan integral en su interior –incluso figuras como Jaime Espinal son abiertamente integrales–, así que acá los tenemos presentando piezas gráficas que, si los editores tuvieran criterio, jamás hubieran visto la luz.

Para ponerle el criterio a esta prueba de impunidad –o, al menos, el Criterion– contratamos a Marta Granadas, Diego Mamaral y, desde ultratumba, David SinSuegra: tres figuras reconocidas por dejar el nombre del diseño gráfico colombiano más abajo que el de sus letras. Ni siquiera Enric Satué, famoso por atormentar a los estudiantes de comunicación visual, se salvó del ojo punzante de esta santísima trinidad del diseño nacional.

Los resultados y las obras en competencia, son los siguientes:


Buda Blues, Mario Mendoza
Una imagen incendiaria para una obra completamente ilógica.
Mención especial para la escogencia de la tipografía.


Demasiados héroes, Laura Restrepo
Sí, demasiados y, además, demasiado feos.


El poeta en el hotel, Juan Ensuncho Bárcena
¿La diseñaron en Power Point? No, ¡la diseñaron en Word!


El síndrome de Ulises, Santiago Gamboa
Si la obra se desarrolla en París, nada más funcional que… ¡una panorámica de París!
Y, por supuesto, los desnudos femeninos, que siempre venden.


Hot Hot Bogotá, Alejandra López González
No sabemos cuándo hace calor en Bogotá, pero estamos seguros que no es de noche
ni en la Torre Colpatria. Además, la tipografía es de nevecón.


La rambla paralela, Fernando Vallejo
Un escritor de sombrero, pantalón de rayas y gabardina tomando vino en Barcelona en verano.
¿Será que las editoriales no les pagan a los ilustradores?


Lo que le falta al tiempo, Ángela Becerra
Lo que le faltaba. Además de las mayúsculas iniciales, los pies son tan sensuales…
más cuando les caen hermosas gotitas de sangre femenina.


Los niños suicidas, Luis Fernando Charry
Existe un programa que se llama Photoshop, que tiene una ventana que se llama “Filtros”
y es de lo más de interesante, ¿cierto?


Melodrama, Jorge Franco
Inspirado en la Pietá, Franco demuestra una vez más que no tiene piedad con sus lectores.
Una portada con tetas vende más que un buen libro.
García Márquez dijo que quería pasarle la antorcha a Franco, seguramente para que queme sus libros.


No es una historia de amor, Jaime Espinal
Inspirada en la canción de Bon Jovi “This ain’t a Love Song”,
con esta portada no dan ganas de leer el libro, ni nada:
¿pintauñas, sangre hecha con témpera y un protagonista con chaqueta de plumas?
Gracias, pero no. Gracias.


Sin dirección, Gabriel Ruiz-Navarro
Aunque pocas veces lo sacan a relucir, nuestros diseñadores también manejan Illustrator.
Quizás no lo sacan a relucir porque su habilidad es peor que la de los principiantes.


Sin título (1977), Margarita Posada
En esta novela, que debió quedarse sin publicar, las virtudes del Photoshop
son apoyadas por torpes trazos de acuarela dignos de un niño de preescolar.
Claro, esa era la idea.


Su casa es mi casa, Antonio García Ángel
Lamentablemente no se trata de la canción de Suicidal Tendencies.
Es una de esas novelas urbanas salidas de taller literario que,
como indica la portada, están mal, hermano.


Técnicas de masturbación entre Batman y Robín, Efraím Medina Reyes
El onanismo literario no es exclusividad del blog El ojo en la paja.
Este escritor, que siempre aparece en sus portadas sin ropa,
sí que sabe de onanismo, de mal gusto y de peor gusto.


Todo pasa pronto, Juan David Correa Ulloa
Es en serio: manejar Photoshop es más que usar sus filtros.
El brillito es de lo más tierno.


Unos duermen, otros no, Eduardo Bechara Navratilova
Unos saben tomar fotos, otros no. Unos saben diseñar, otros no.
Carlos Duque es de los que nunca han sabido mucho, pero él insiste en hacerlo.
Para la muestra un mojón.

El veredicto de los jurados entregó la impunidad a Juan Ensuncho, declarando que “desde el casting, esta portada debió quedar fuera de concurso; es una lástima que no tenga más libros publicados”. Las observaciones de los tres jurados fueron generosas, hasta el punto de proponer una nueva disciplina para este tipo de piezas: el desdeño gráfico. Además, entregaron tres menciones especiales: a Jaime Espinal –quien se sigue perfilando como uno de los competidores más fuertes del Desafío Literario–, a Efraím Medina, gracias a la ridícula puesta en escena de sus portadas, y a Shakira, pues pensaron que la portada del libro de Ángela Becerra pertenecía a uno de sus álbumes. Los demás concursantes quedan amenazados por no tomarse siquiera la molestia de revisar las propuestas de portada para sus libros y serán ustedes, bobos lectores, quienes decidan cuál de ellos debe salir de la casa editorial estudio el próximo miércoles. Al lector que más veces vote le regalaremos cada una de las portadas impresas en papel higiénico, para que les dé el uso que se merecen.

viernes, 23 de octubre de 2009

Desafío Literario. Capítulo 3: Libro al viento

Gabriel Ruiz-Navarro en el lanzamiento de su novela Sin Dirección

Con lágrimas en los ojos tras la salida de Juan Diego Mejía –causadas por los gases lacrimógenos disparados por el ESMAD a la casa editorial estudio, debido al disturbio que causó el club de ventiladores, Fan Club Ruin–, inició la segunda semana del Desafío Literario: La lucha de la bobada.

Antonio García y Mario Mendoza, ganadores de la prueba de impunidad de la semana pasada, celebraron su triunfo y dijeron que era mejor que el Rolex y el Planeta que ganaron respectivamente en años pasados. Sin embargo, Toño García –o ‘Coño’, como lo llaman cariñosamente sus compañeros– lamenta que la cucharita se le perdió después de tomarse la foto. La envidia brotó como acné en la cara de Santiago Gamboa, quien aún no aprende el método para perder.

Una escalofriante prueba de impunidad recibió a los concursantes en la mañana del viernes: Libro al viento: lanzamiento de novela. Ubicados en la pista de lanzamiento de bala de la Escuela de Infantería, los escritores tuvieron que demostrar que, además de hígado, un verdadero escritor debe tener jefe de prensa. Para comprobar la técnica y el alcance de los lanzamientos, que debían llegar a la librería que se instaló en el batallón sólo por este día, el Desafío convocó un jurado conformado por Nahum Montt y Fernando Gómez Echeverri. El primero aceptó encantado y aseguró que empezará a preparar su novela El Espinal y la Margarita, inspirado por este sorprendente reality; el segundo vino para ver si aprende a lanzar novelas, ya que su ópera prima, Salta chicharro, sólo la conocieron y reseñaron sus amigos.

La primera en lanzar fue Ángela Becerra, quien, gracias a la falta de peso de sus novelas, alcanzó a golpear la librería. La misma suerte corrieron Alejandra López, Eduardo Bechara y Luis Fernando Charry, pero sólo este último se ubicó dentro de la librería, pues los otros dos carecen de las palancas para entrar a una de verdad.

Efraím Medina lanzó su libro pero sus genitales quedaron al descubierto, por lo que fue amenazado automáticamente para salir del Desafío. Minutos después, Fernando Vallejo dijo que no le importaba la prueba, que él no tiene que demostrarle a nadie que es mejor que los demás, que eso está claro, que qué hijueputas le iban a hacer si no eran más que pedos y relinchos de caballo, malparidos colombianos, todos en este país son una chusma infecta, que… finalmente, el jurado lo descalificó por connivencia, luego de que amenazara con lanzar a sus perros en lugar de un libro. Vallejo, furioso, lanzó su pasaporte y se alejó de la pista maldiciendo al jurado.

Gabriel Ruiz-Navarro lanzó Sin dirección pero, por falta de fuerza, su libro no alcanzó a llegar a la librería. Al igual que él, Jorge Franco y Margarita Posada se quedaron cortos, muy cortos.

Llegó el turno de Jaime Espinal y un montaje de música de Trópico Esmeralda, videoarte, plumas, teatro, luces, rifas, juegos y espectáculos hizo que el público se olvidara de la literatura; cuando todos se encontraron asqueados por la baja calidad del show, pidieron que se detuviera y descubrieron que, con un poder planetario, la obra de Espinal había llegado a la librería, dejando al joven autor con una ventaja notable sobre sus competidores.

Juan David Correa lanzó su obra, pero los jurados no lo notaron porque Todo pasa pronto; sin embargo, dicen que el libro aún se encuentra a $2.000 en La Gran Manzana de la Calle 72. Algo parecido sucedió con Juan Ensuncho, que jura e insiste que sí tiene un libro, que lo lanzó en la mismísima Cueva de Barranquilla, que hasta algún lector de La Bobada Literaria dice que tiene una copia. Para que dejara de ensunchar, los jurados fingieron creerle y lo dejaron seguir en el reality.

Laura Restrepo se puso a hablar mal de la Iglesia Católica, siguiendo el reciente ejemplo de Saramago, y lanzó la novela Caín –original del Nobel portugués– diciendo que ella la hubiera podido escribir.

Por su parte, Santiago Gamboa lanzó Necrópolis pero le pegó en la cabeza a Correa, según él, de forma accidental; tras una inspección, el jurado descubrió que todo se debe a que alguna vez Arcadia publicó una reseña negativa de uno de los indudablemente excelentísimos libros del genial Gamboa. De esta manera, el representante internacional de la bobada se convirtió en el tercer descalificado y candidato a la eliminación de la casa editorial estudio.

Por último, William Ospina no alcanzó siquiera un metro de distancia en su lanzamiento: la densidad de su obra, que acumula siglos de la historia más pesada, la hizo físicamente imposible de lanzar. Así, se convirtió en el cuarto amenazado.

Durante toda la prueba, Mario Mendoza estuvo meditabundo y abstraído, mientras que Coño García aprovechó para dormir el guayabo que lo aquejaba. Volvieron en sí cuando Aura Cristina anunció que el ganador de la impunidad era Jaime Espinal, por hacer el lanzamiento más bobo en la historia de las letras y letrinas nacionales. Es por eso que, a partir de este momento, se abren las urnas de La Bobada Literaria para que ustedes, bobísimos lectores, escojan quién de los cuatro amenazados por connivencia debe salir de la casa editorial estudio.

viernes, 16 de octubre de 2009

El desafío literario, la lucha de La bobada (Prueba 1: fotogenialidad)


La Bobada Literaria, interesada en la innovación y en cubrir todos los mediocres de comunicación, realizó una convocatoria a varios autores colombianos, invitándolos a participar en el primer reality de literatura hecho en Colombia, El Desafío Literario: La lucha de la bobada.

Con la presentación de la escritora, cantante, actriz y, a partir de hoy, presentadora Aura Cristina Geithner, los libretos del miniperiodista Chucky García y bajo la dirección de Javier Mejía, codirector de Las guisas de la mafia y Apocalipshit, este nuevo concurso promete romper todos los paradigmas y no recoger los pedazos. El casting estuvo a cargo del staff de La Bobada Literaria, después de realizar una convocatoria a la que se presentaron todos los colombianos que aprendieron a escribir en primero de primaria. Las extensas filas se redujeron notablemente cuando los aspirantes descubrieron que el premio consistía en la publicación de una obra literaria en el catálogo Biblioteca Peye de Sex Barrial. Los únicos que permanecieron fueron los colombianos que ni siquiera sabían leer; es decir, los periodistas de la Caca Editorial El Tiempo.

Por eso, los jurados decidieron hacer un llamado directo a diferentes escritores colombianos. Algunos, como Santiago Gamboa, fueron reticentes a participar; en su caso, porque temía que hubiera críticos en la casa editorial estudio y porque alguna vez este blog dijo algo sobre él que no le gustó. Pero al ofrecerle un puesto como representante de La Bobada en París aceptó gustoso (así que, a partir de ahora, el escritor lleva el título oficial de "representante de la bobada"). Otros, como Mario Mendoza, tardaron más de dos días en darse cuenta de que se estaban dirigiendo a ellos, embebidos como estaban en sus pensamientos.

Ricky Ricón Silva Romero envió un correo agradeciendo la oportunidad de salir de la casa de sus papás por unos días y llegó con dos maletas, una para los libros y otra para los DVD; sin embargo, en las pruebas de cámara demostró que no sabía bailar y no clasificó a la selección final. Efraím Medina consultó a los herederos de Germán Espinoso y RH Positivo-Durán, que le recordaron un contrato pendiente para hablar mal de ellos, así que va a aprovechar la oportunidad de hacerlo en este reality. En cuanto llegó a la casa editorial estudio, Medina se quitó la ropa; cuando le pidieron que se cubriera, lo hizo con uno de los libros de Ricky Ricón que ya nadie nunca leerá.

Juan Álvarez vino tras la oportunidad de ganarse un nuevo premio literario; sin embargo, no pasó el casting pues demostró que, definitivamente, no sabe escribir. A Jorge Franco tuvieron que decirle que Canal Caracol quería adaptar Melodrama para una telenovela porque el título les parecía muy original, así que llegó sugiriendo a los productores rebautizar el concurso, sencillamente, como Reality. A Jaime Espinal le atrajo que uno de los patrocinadores era Margaret Astor –con una dotación vitalicia de pintauñas– y no tardó en aparecer, igual que William Ospina cuando le comentaron que había un gran presupuesto para malgastar.

Una vez todos estuvieron en la casa editorial estudio y empezaron a comparar egos, los productores les dijeron que era hora de la primera prueba: tomarse fotos posando como escritores. Al no poder contar para esta actividad con Daniel Mordzinski, quien rechazó la generosa oferta porque estaba en Francia, Carlos Duque se ofreció a hacerla; pero fueron los productores quienes se vieron en la obligación de rechazarlo por su notable falta de talento. Así que optaron por ir a Foto Japón y traer al primer practicante que encontraron, un anónimo que tomó las fotos que relacionamos a continuación. Señores y señoras, conozcan a los concursantes de El Desafío Literario: La lucha de la bobada.

Acá empieza el primer capítulo del primer reality de escritores colombianos. Miren y lloren.

Ángela Becerra
Cali, 1957
Su obra cumbre es un asadero llamado Las becerradas de Ángela.
Sus influencias son la Colombia optimista y la Colombia buena.
Está en el reality buscando el respeto que no le dan los galardones.

Alejandra López
Cali, 1977
Su obra cumbre es un local de comidas rápidas llamado Hot Dog Bogotá.
Sus influencias son las telenovelas mexicanas y los comunicados de prensa del Teatro Libre.
Está en el reality porque pensó que era un verdadero premio de literatura.

Antonio García
Cali, 1972
Su obra cumbre la escribió Mario Vargas Llosa.
Cuando joven quería ser Gonzo.
Está en el reality porque la cucharita se le perdió.

Eduardo BecharaBogotá, 1972
Su obra cumbre será autopublicada algún día.
Sus influencias son Shakira y los que donan plata para sus lindas causas.
Está en el reality porque se quedó sin tema para su blog.

Efraím Medina
Cartagena, 1967
Su obra cumbre es Jaime Espinal.
Sus influencias son Germán Espinoso y RH Positivo-Durán.
Está en el reality para comparar el tamaño de sus genitales con los demás escritores.

Fernando Vallejo
Medellín, 1942
Su obra cumbre es un libro igual a todos los demás que ha escrito, pero con diez nombres distintos.
Sus influencias son su ego y él mismo.
Está en el reality para poder hablar mal de La Bobada Literaria.

Gabriel Ruiz-Navarro
Barranquilla, 1982
Su obra cumbre fue publicada por Sex Barrial.
Sus influencias son Bolaño, Ensuncho y Carver.
Está en el reality para reinvindicarse con La Bobada Literaria.

Jaime Espinal
Medellín, 1980
Su obra cumbre es una chaqueta con plumas de pavo real.
Sus influencias son David Bisbal y La Pantera Rosa.
Está en el reality para hablar de pintauñas con Margarita Posuda.

Jorge Franco
Medellín, 1962
Su obra cumbre fue inspirar una canción de Juanes.
Sus influencias son Juanes y Sergio Fajardo.
Está en el reality para ver si aprende a escribir.

Juan David Correa
Bogotá, 1976
Su obra cumbre son las minúsculas de Arcadia.
Sus influencias son la Crema S de Pond's Ford y el Washington Pond's.
Está en el reality para ver si alguien compra su novela.

Juan Diego Mejía
Medellín, 1952
Su obra cumbre es firmar cheques en una productora de comerciales.
Sus cheques no tienen fondos.
Está en el reality para ver si se gana una platica extra, que esa nunca sobra.

Juan Ensuncho
San Marcos del Carate, Sucre, 1975
Su obra cumbre es una serie de obras (documentales, libros, música) que sólo conoce él.
Sus influencias no existen, por eso es que nunca ha podido publicar.
Está en el reality para divulgar el verbo "ensunchar", sinónimo de "robar" pero con menos talento.

Laura Restrepo
Bogotá, 1950
Su obra cumbre la escribió Saramago.
Sus mayores influencias son Saramago y Saramago.
Está en el reality porque Saramago dijo que quería participar en un reality.

Luis Fernando Charry
Bogotá, 1976
Su obra cumbre fue publicada en la editorial de la que él es editor.
Sus influencias son los poetas malitos.
Está en el reality porque Villegas Editores tiene una pésima oficina de prensa y nadie sabe que publican más que libros para mesas de centro.

Margarita Posada
Bogotá, 1977
Su obra cumbre fue estar en la Feria del Libro posando para RCN.
Sus mayores influencias son los proverbios populares.
Está en el reality para ver si la ponemos de presentadora el próximo año.

Mario Mendoza
Bogotá, 1964
Su obra cumbre está a punto de ser revelada en un sueño.
Sus mayores influencias son la urbe, la metrópolis y la ciudad.
Está en el reality para comprender mejor el comportamiento humano en Metrópolis, el centro comercial.


Santiago Gamboa
Bogotá, 1965
Su obra cumbre fue conseguir un cargo diplomático y no mover un dedo para ganarse el sueldo.
Sus mayores influencias son Plinio Apuleyo Mendoza y Noemí Sanín.
Está en el reality porque fue declarado "representante de la bobada".

William Ospina
Padua, Tolima, 1954
Su obra cumbre es aburridísima.
Sus influencias son Hernán Cortés y Lorenzo Lamas.
Está en el reality para ver si en una prueba lo obligan a cortarse su cola de caballo, que de verdad ya huele a cola de caballo.


Después de ver estas espectaculares fotos, la idea es que ustedes, bobísimos lectores, escojan en la columna de la derecha quién debe ganar la impunidad en esta prueba: el autor que tenga menos votos al finalizar el próximo jueves pasará de largo en el primer desafío de escritura y clasificará automáticamente al capítulo 3 sin importar si la sandez que escriba tiene la misma calidad que Paraíso Travel. Voten ahora* y escojan al escritor más bobo de El Desafío Literario: La lucha de la bobada.

*Valor del voto €4.350 más IVA. Entre los votantes se rifará una edición impresa de La Movida Literaria.