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miércoles, 21 de agosto de 2013

Sin telenovelas no hay paraíso

Hay que admitir que la televisión colombiana ha evolucionado positivamente. De los culebrones de Julio Jiménez en los que el espíritu de un anciano poseía a Danilo Santos hemos pasado a historias de la vida real en las que Joe Arroyo tiene los ojos verdes y habla supr, gwon. Las integrantes de La Bobada Literaria, cansadas de no recibir un peso por hacer este genial blog, decidimos seguirle los pases a Gustá Bobo Lívar y hemos estado escribiendo libretontos para las nuevas producciones del canal Sopa de Caracol. Porque el pueblo que no conoce su historia está condenado a verla en telenovelas, les presentamos este giro de 360º para la televisión colombiana.

El Petrón del mal
Diego Cadavid interpreta a Gustavo Petrón. Con un pasado marcado por la militancia en un grupo guerrillero, Petrón llegó al segundo cargo más importante del país después del de Señorita Colombia con una votación histérica: con los candidatos en contienda –Gina Parody interpretada por Adriana Tono y Enrique Peñalosa, por Víctor Mallarino–, los bogotanos no sabían si era peor votar o salir a quemar la ciudad. A partir de ese primer capítulo, las emociones no se detienen: Gustavo Carne de Pavo –un influyente periodista– madruga cada mañana a inventar noticias negativas sobre el alcalde, la gestión de Petrón es –literalmente– una basura y hasta la esposa le pega en la cabeza y lo cela con las presentadoras LGTBI de Canal Cacapital. Pero si algo hemos aprendido de las telenovelas –y de la comunidad LGTBI– es que el amor es más fuete. Al final, la política del amor hará feliz a una perra.

Tulio, el ídolo
Bajo la dirección de Cliché López, esta telenovela recuerda los albores del tropipop con una figura tan relevante para la música colombiana como Marbelle: Tulio Zuluaga. Después de fracasar como actor, este bizcocho con menos presencia que un perro de taller decide incursionar en la música. La mala noticia es que Carlos Vives se le adelantó en eso de no saber cantar ni actuar. Sin embargo, Tulio luchará por el amor (a la fama) y hará lo que sea para conquistar los corazones de las empleadas del servicio colombianas. Incluso un programa de cocina en Teleantioquia. Esta serie de fracasos se verá contrastada por el éxito mundial de figuras aún menos talentosas que Tulio, como Juanes y Shakira, lo que mantendrá a nuestro ídolo en una constante depresión momposina. Con Taliana Vargas como Tulio Zuluaga y Karoll Márquez como Shakira, este tulidrama promete convertirse en una verdadera novela de cul(t)o.

A mano firme
Esta telenovela de boxeadores y puñaleros callejeros se iba a llamar Le voy a dar en la cara, marica, pero al Procurador le pareció muy grosero ese título. Protagonizada por Rafael Novoa en el papel de Álvaro Urbina Vélez, durante ocho años, capítulo tras capítulo, A mano firme narra la historia del amor imposible entre un buen muchacho que llegó a la Presidencia de la República y Victoria Eugenia, una reputada periodista que, por el bien de la patria, debe mover la cosa política sin que la esposa de Urbina la descubra. La banda sonora es de Johnny Rivera e incluye un verso del himno nacional: “Me gustan los caballos / las muchachas bonitas / y salir de paseo / con mis amiguitas”.

Dos cagones
Desde ya se anuncia una secuela de A mano firme llamada Dos cagones, sobre los hijos de Urbina, un par de jóvenes emprendedores y amantes de los sombreros vueltiaos que consigue multiplicar exponencialmente su exigua fortuna gracias a su franca visión para los negocios. Sin usar las influencias que les brinda su apellido, este par de polluelos se convierten en un ejemplo de ecoeficiencia para las nuevas generaciones. Acné Escaff, después de su papel como Salvatore Mancini en Tres Caínes, hará un papel memorable como Jerónimo Urbina.

Los caños maravillosos
Qué lindo es recordar, sobre todo crímenes sin resolver como el de Luis Andrés Colmenares. Esta hermosa serie nos llevará a esas épocas en las que la gente podía comer perro caliente sin que se le manchara la ropa de salsa de tomate y papas fritas. Unos años maravillosos en los que sólo las groupies de Diomedes Díaz aparecían muertas en un caño después de merendarse un hot dog. Grabada totalmente en exteriores, Los caños maravillosos tiene un increíble elenco de falsos testigos, disfraces baratos y jueces incompetentes; además, el papel de Colmenares –cuyo fantasma sigue vivo 30 años después de no haberse resuelto el homicidio– será encarnado por Yuldor Gutiérrez, recordado por Doña Flor y sus dos maridos. Por su parte, y como homenaje a esa joya de la televisión ochentera, Amparo Grisales hará el papel de una joven y lozana Laura Moreno.

martes, 17 de noviembre de 2009

Lulito, el género erótico se acalora

La biodiversidad degénero también inunda nuestras letras, y por eso en La Bobada Literaria tenemos un espacio para ella, ellos y/o ellas. En esta ocasión se trata del regreso de Javier Hernández Franco, uno de los gestores guturales más importantes del movimiento LGBT. Después de Histeria del baúl rosado, La vida de los ortos, De regreso al baúl rosado y de haberse ganado el Indio Catalino por su excelente programa de televisión LGTV, locas por la televisión, Hernández Franco revoluciona el supermercado editorial con una idea avezada, novedosa y brillante: Lulito, la adaptación homosexual y libre de Lolita, el clásico literario de Vladimir Nabokov.

'Javi', como se le conoce en el ambiente, explicó a La Bobada Literaria que "desde que empecé por este camino quise adaptar Lolita, y en lo primero que pensé fue en llamarla Lolito, pero una experiencia reciente me hizo redefinir mi sexualidad y usar un nombre más colombiano, más actual: Lulito (no confundir con Culito, el periodista de La WC)". Influenciado por la poesía erótica –la única cosa más repugnante que las tarjetas de Timoteo–, Hernández mezcla canciones de Madonna, versos de Nidya Garzón y frases de Pedro Almodóvar en una obra llena de lugares nada comunes, a los que sólo el papel higiénico ha llegado.

El autor, que confesó a La Bobada que hubiera querido sacar su libro como homenaje a los 50 años de publicación de Lolita pero que no pudo porque no supo cuándo se celebraron, está terminando su libro de relatos precoces llamado El vértice amoroso y otros cuentos cortos de amor intelectual. A continuación, en exclusiva, en esta entrada por detrás presentamos apenas el inicio del primer capítulo de una adaptación de enorme envergadura:

Lulito
Lulito, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lu-li-to: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes, como si se estuviera apoyando en tu rosado culito, Lulito, Lulito mío.
Lulito, te quise hablar en inglés, light of my life, pero no me entendías, querías que te hablara en paisa, que te besara en paisa, que te tocara en paisa, que tocara tu culito paisa. Y yo, que soy caleño, estaba pletórico y afectado cuando te toqué, te toqué y me encontré con ese culito inolvidable, Lulito mío. Eras un muchachito sentado en la barra, un metro sesenta y seis de estatura con el pechito descubierto por tres botones desabrochados de tu camisa de seda negra. Eras un lulo en calzoncillitos Calvin Klein. No eras nada cuando firmabas, porque no sabías escribir. Pero en mis brazos eras siempre Lulito. Con tu flauta en mis labios sonaban conciertos de placer.

Ahora creo que me he venido. Es el momento de presentar al lector algunas consideraciones de orden genital. Entre los límites de los nueve y catorce años, surgen muchachitos que revelan a ciertos viejos embrujados, dos o tres veces mayores que ellos, su verdadera naturaleza: no humana, sino culítica (o sea demoníaca); propongo llamar lulitos a esos escogidos.

Si pedimos a un hombre que elija al niñito más bonito en las fotografías de un catálogo de ropa infantil, no siempre señalará al lulito. Hay que ser artista y loco, un poco aberrado y enfermo, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en la enhiesta verga para que, como un detector, reconozca de inmediato por signos inefables –el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar– al pequeño lulito mortífero, ignorante de su fantástico poder. Al posarlos sobre mi boca olvido que soy mortal.

Lulito. Lu-li-to. Mi Lulito, mi perdición, mi desenfreno. Aún recuerdo las primeras palabras que te dije cuando nos conocimos: "Ve, sos un Lulito". Entonces me sonreiste con esa risita de angelito caído, y yo te convertí de inmediato en mi anhelito, mi gustico. Lulo y maíz, juntos somos un champús haciendo el amor.